Busca en este blog:
Búsqueda personalizada

jueves, 28 de agosto de 2008

El Cálculo del Hedonismo

Resumen del capítulo 2 del libro Debunking Economics de Steve Keen. El capítulo se titula "El Cálculo del Hedonismo". En este capítulo se muestra el fracaso de la teoría neoclásica en analizar el comportamiento de la economía partiendo del comportamiento del individuo. Se demuestra que la curva de demanda de mercado tiene un comportamiento irregular.


El padre de la proposición de que las personas éstán motivadas por su propio interés no es Adam Smith como comúnmente se cree, sino Jeremy Bentham.

Bentham creía que la búsqueda del placer y el rechazo del dolor es la causa subyacente de todo lo que hacen los humanos, y que el sentido de lo que es bueno o malo es meramente una manifestación superficial de este poder más profundo.

Creía que la sociedad se podía reducir a la suma de los individuos que la componen, y que el interés de la comunidad se puede obtener por medio de la suma de los intereses de los individuos.

Desde un punto de vista actual, estos intentos de medir la suma de los intereses, o el bienestar de la comunidad, se miran con escepticismo, pero es sobre esta débil base que la economía actual ha erigido un complejo modelo matemático de la conducta del individuo. Los economistas usan este modelo para explicar todo, desde el comportamiento individual a la demanda de mercado, hasta la representación de los intereses de una comunidad entera.

El primer enfoque para representar el comportamiento del individuo se basaba en el concepto de utilidad. Se postulaba que cada unidad consumida de un bien proveía de cierto número de unidades de satisfacción llamadas "útiles". Las unidades adicionales de un determinado bien producían un menor número de útiles adicionales.

Después se abandonó este concepto de utilidad marginal para desarrollar el concepto de curvas de indiferencia, en las que el consumidor obtiene la misma satisfacción de la combinación de bienes que se encuentran a lo largo de la curva.

Al combinar la curva de indiferencia con la "curva de presupuesto" se obtiene la cantidad que el individuo consumirá.

La curva de demanda individual se obtiene haciendo variar nocionalmente el precio relativo de un bien, manteniendo el ingreso constante, por lo que nos vamos ubicando en curvas de indiferencia superiores que nos indican una mayor cantidad del bien consumido.

El problema surge al tratar de obtener una curva de indiferencia social a partir de la sumatoria de las curvas de indiferencia individuales. Los economistas intentaban probar que la sociedad se comportaba como un "gran consumidor" que elegía la combinación de bienes que más le convenía de acuerdo con su presupuesto.

El problema es que a nivel social, el cambio de precios produce un cambio en la distribución de ingresos, lo que cambia el mapa de la curva de indiferencia de la sociedad, de manera que al variar el precio, el nuevo conjunto de las curvas de indiferencia se intersecta con las anteriores, haciendo imposible saber si ha aumentado el bienestar social.

Si se tratara de crear un mapa de indiferencia social para cada precio posible, este tendría discontinuidades abruptas, como los picos de los Himalayas.

Un mapa de indiferencia social con muchas discontinuidades genera a su vez una curva de demanda agregada irregular. Si se trata de encontrar un precio de equilibrio combinando esta curva de demanda con una curva de oferta se encontrarán varios puntos de intersección, no todos de los cuales son de equilibrio.

Llegamos a la conclusión de que no es posible representar a la sociedad a partir de la suma de los individuos que la componen.

Un enfoque más adecuado es el de los economistas clásicos como Smith, Ricardo, y Marx, que dividían a la sociedad en diferentes clases sociales, y consideraban como diferentes políticas podrían favorecer a una clase sobre otra.


Lea el capítulo entero en Google Books. Leer más de esta entrada......

miércoles, 27 de agosto de 2008

Debilidades austríacas

Steve Keen critica las debilidades de la escuela austríaca de economía.

Aquí presento un extracto de su libro Debunking Economics.



En primer lugar, los austríacos aceptan el argumento económico de que la producción está caracterizada por rendimientos decrecientes. Como corolario de eso, ellos también aceptan la teoría de la distribución del ingreso basada en la productividad marginal -aunque tratan de suavizarla argumentando que el desequilibrio permite a los empresarios hacer ganancias superiores a las normales.

Como se ha mostrado en los capítulos 3, 5 y 6, estas nociones son fundamentalmente inválidas. En el grado en que la Economía Austríaca se base en estos conceptos, es también inválida.

Un simple ejemplo de esto aparece en la teoría austríaca de la producción. El modelo económico argumenta que un incremento en la cantidad de un factor de producción -como el capital- disminuirá su producto marginal, y por lo tanto hará decrecer su ingreso.

En vez de eso, los austríacos argumentan que un abaratamiento del capital -por medio de una disminución de la tasa de interés- conducirá a un enfoque indirecto (roundabout) a la producción, lo que significa que menos trabajo directo y más capital indirecto será empleado en su producción.

La crítica de Sraffa a la teoría neoclásica de la producción, detallada en el capítulo 6, es igualmente aplicable a esta teoría austríaca. Al proveer de una manera de medir los insumos de capital en términos de unidades de salario, Sraffa mostró que el concepto económico de cantidad de capital es dependiente de la tasa de ganancia: la misma lógica muestra que es imposible definir una manera de producir una mercancía en forma "más indirecta" que otra independientemente de la tasa de ganancia.

Consideremos dos maneras de hacer vino: el proceso A que involucra 1 unidad de salario ahora, 8 unidades el año pasado y 1 unidad 8 años antes; y el proceso B, que involucra 1 unidad ahora y 1 unidad 20 años atrás. A una tasa baja de ganancia el proceso A puede ser más indirecto que el proceso B, a una tasa más alta de ganancia el orden se podría invertir; y se podría invertir de nuevo para una tasa más alta de ganancia. Por lo tanto, la noción austríaca de proceso indirecto es internamente inconsistente, al igual que el concepto de neoclásico de productividad marginal del capital.

Segundo, aun más que la teoría económica convencional, la Economía Austríaca tiene fe en las propiedades auto-reguladoras de la economía capitalista, con la ley de Say proveyendo mucha de esa confianza. Como se argumenta en el capítulo 9, la ley de Say es inválida en una economía productiva con crecimiento.


Este libro se encuentra disponible en Google Books. Continúe leyendo... (en inglés) Leer más de esta entrada......

jueves, 21 de agosto de 2008

Más sobre cálculo económico comunista

En este post voy a expandir algunas respuestas de mis posts anteriores.


Capacidad productiva

Se trata de justificar la desigualdad de los ingresos en base a una supuesta capacidad productiva. Los individuos que tienen mejores ingresos sirven mejor a la sociedad, las funciones que desempeñan son más valoradas, y así se justifica que unos tengan más y otros menos.

Se supone que no existe explotación, que las ganancias capitalistas representan su aporte a la producción debido a su función empresarial. Las tasas de interés reflejan la "preferencia temporal", y a los trabajadores se les paga según su aporte marginal.

Otros factores que influyen en la distribución del ingreso se consideran como no relevantes.

Sin embargo, aun concediendo que cada quien recibe lo que aporta en base a su capacidad, el problema de la asignación de recursos con el fin de maximizar el bienestar social no consiste en asignar los recursos en base a méritos.

Y no tiene mucho sentido en hablar de méritos individuales cuando las habilidades que se tienen están influidas por tendencias innatas o influencias sociales particulares.

Hay quienes sentirán un interés espontáneo por ocupaciones que resultan ser lucrativas, y hay quienes se inclinarán por otras que no son tan rentables.

La concepción de que la desigualdad de poder adquisitivo beneficia a la sociedad, ya que premia a los que se dedican a actividades productivas más valoradas por ésta, resulta contradictoria si se admite que una distribución más equitativa del poder adquisitivo beneficiaría a la sociedad.

En una sociedad en la que el poder adquitivo está concentrado en una minoría, y las decisiones de producción y consumo se toman en base a ese criterio, el decir que la "sociedad" se beneficia del mérito de tales individuos esconde el hecho de que la dinámica del sistema le da más importancia a los deseos de una minoría, que la "sociedad" no es homogénea, que hay un grupo privilegiado cuyos deseos tienen preferencia en la jerarquía de preferencias sociales.

Cálculo en especie

La ley del mínimo nos dice que hay que ahorrar los insumos más escasos y utilizar más los más abundantes.

Para facilitar la toma de decisiones en este sentido, se puede utilizar un índice de escasez, que indicaría la relación de pedidos para un bien determinado con relación a la cantidad realmente producida. Así, un índice de escasez de 95% indicaría que la oferta es un 5% superior a la demanda. Un índice de 105% indicaría que la demanda supera a la oferta en un 5%, por lo que hay escasez

Además de la ley del mínimo, podemos utilizar el criterio de ahorrar horas de trabajo y utilizar insumos que sean más agradables de producir, consuman menos energía y produzcan menor contaminación.

Consideremos dos procesos de producción. El método A requiere de 70 toneladas de acero y 60 toneladas de concreto, mientras que el método B requiere de 60 toneladas de acero y 70 toneladas de concreto. Uno de los métodos será más económico en términos de dejar más recursos disponibles que el otro, pero para establecer cual es necesitamos comparar las cantidades relevantes.

[...]

Así, por ejemplo, el acero puede requerir 3 horas-hombre para producir una tonelada, producir 200 metros cúbicos de gas de desecho, 2000 kilo-joules de energía, y tiene excelentes condiciones de trabajo. El concreto, por otra parte, puede requerir 4 horas-hombre de trabajo para producir una tonelada, producir 300 metros cúbicos de gas de desecho, usar 1000 kilo-joules de energía y tiene condiciones peligrosas de trabajo debido al polvo. ¿Cuál será el mejor método? Asumiendo que cada factor será valorado en la misma forma, es obvio que el método A es el mejor, ya que produce un menor impacto ecológico y tiene las condiciones de trabajo más seguras -- el mayor costo en energía es compensado por los los otros factores, que son más importantes. [Anarchist FAQ]



Decisión en base a precios

Se nos dice que los precios nos proveen de un criterio exacto para ahorrar los recursos sociales a la hora de elegir varios insumos que cumplan una misma función: hay que elegir el insumo más barato. Así, si el insumo A tiene un precio de $5 y el insumo B $4, hay que elegir el B, y así lo que es más rentable para el empresario es más beneficioso para la sociedad. Se cree que el insumo A, al ser más caro, es relativamente más escaso que el B, de manera que al utilizar B estamos ahorrando recursos. Pero se notará que si logramos determinar las escasez relativa entre A y B por otros medios podemos prescindir de los precios.

De hecho, el precio de cada insumo puede contener márgenes de ganancia diferentes que distorsionen la información sobre escasez relativa.

Así, si A tiene un margen de ganancia de $2 y B de $1, entonces B parece ahora ser el insumo más escaso en vez de A, suponiendo que la diferencia entre márgenes de ganancia se deba a un desigual poder de mercado. El empresario, al pretender maximizar su ganancia no estaría tomando en cuenta los costos sociales de oportunidad.

De manera similar, los precios no reflejan el grado en que externalizan los costos al ambiente y al trabajador. Por lo que al tomar decisiones sociales en base a precios hay información importante que no se está tomando en cuenta.

Intensidad de la demanda

Victor L. plantea que en ausencia de precios no se puede calcular la "intensidad de la demanda", y que para esto no basta comparar la rotación de existencias.

El problema del comunismo está, pues, en que le es imposible comparar todos bienes necesarios a los consumidores de una manera tan precisa como se requiere. Para este propósito no serviría la “tasa de rotación de existencias” puesto que esta compara magnitudes diferentes entre sí: no nos dice nada en relación a la intensidad de la demanda que la “tasa de rotación” diaria de zapatos sea de 100 y la de calcetines sea de 200, puesto que a pesar de la mayor tasa de los calcetines, los consumidores podrían preferir renunciar a estos antes que a los zapatos.


Lo voy a plantear en forma general.

Si A tiene una rotación de existencias de 100 unidades y B de 200, se puede pensar no obstante que los consumidores valoran en promedio 5 unidades de B por una de A, de manera que al producirse un cuello de botella en el insumo común X, y suponiendo que se utilice en la misma proporción en los dos productos, los consumidores preferirían que se producieran más cantidades de A que de B. Supuestamente esta información se puede transmitir por medio de los precios, de manera que el precio de A sea 5 veces el precio de B.

Suponiendo que se pueda llegar a un equilibrio que resulte en la proporción adecuada, en el corto o mediano plazo no hay manera de determinar la preferencia relativa, de manera que cuando los precios se estabilicen ya se habrá incurrido en costos irrecuperables.

Cabe recordar, sin embargo, los problemas de desequilibrio en un mercado de varios bienes, en el que una sola fluctuación de precios hace que todo el sistema oscile sin encontrar el equilibrio. Si no hay equilibrio no se podrán expresar las preferencias relativas en el mercado.

Cabe asimismo preguntarse si las diferentes preferencias ordinales de los consumidores pueden transmitirse en un sistema cardinal de precios.

Un individuo puede estar dispuesto a pagar $5 por A, mientras que otro solo $3, un tercero solo está dispuesto a pagar 1$; pero en el mercado el precio puede ser de $2, por lo que dos pagan el mismo precio, y uno no paga nada. No hay manera aquí de que las diferentes preferencias relativas influyan en el sistema de precios.

En la práctica, el precio de un producto aumenta cuando se vuelve más escaso, esto es, cuando aumenta la tasa de rotación de existencias. El aumento de precios será proporcional al aumento de esa rotación. Si el precio aumenta mucho puede que la tasa de rotación disminuya a un nivel inferior al anterior. El precio estaría entonces determinando la "intensidad de la demanda", en lugar de ser los consumidores los que la determinen.

Lo que se hace con el precio es racionar el producto en forma arbitraria. Para hacer eso no es necesario un sistema de precios. Los más afectados en un racionamiento por precios son los que tienen menor poder adquisitivo.

Toma de decisiones comunitarias

Para este caso sencillo, y suponiendo una comunidad pequeña, es fácil pedirle a los consumidores que se decidan entre A y B. Se levanta una encuesta y se les pide que expresen su preferencia.

Sin embargo, la dificultad surge al preguntar la intensidad de la preferencia. ¿Cuantas unidades de B está dispuesto el individuo a sacrificar para obtener una unidad de A? No todos pueden, por medio de una sencilla introspección, responder a esta pregunta en forma exacta.

Pero suponiendo que pudieran responderla, esto se resuelve calculando una preferencia promedio.

El problema se complica cuando se trata de establecer una jerarquía de prioridades para una lista de más de tres puntos y varias personas. La agregación de preferencias individuales puede resultar imposible, tal como lo establece el teorema de imposibilidad de Arrow.

Pero el sistema de precios también es susceptible de ser criticado en base del teorema de Arrow.

Por medio de una democracia deliberativa y descentralizada es posible enfrentar el problema de toma de decisiones colectivas, pero no se supera en absoluto.

Cabe esperar que estos problemas téoricos sean posibles de superar en la práctica. Despues de todo, la toma de decisiones colectivas existe y funciona en la actualidad. Los experimentos de auto-gestión han demostrado ser factibles. La única alternativa a la democracia es el autoritarismo, o el someterse a las fuerzas ciegas del mercado.


Posts relacionados

El Mito del Cálculo Económico
Cálculo Económico. Respuesta a Victor L.
Cálculo Económico. Respuesta a Victor L. II
Cálculo Económico. Respuesta a Langlois
Más sobre cálculo económico comunista II
El dinero como medida de valor social
Robin Cox sobre jerarquías de producción


PS.

Buscando información sobre el teorema de Arrow me encontré con este divertido libro en Google Books: Carta abierta a los gurúes de la economía que nos toman por imbéciles. Leer más de esta entrada......

martes, 19 de agosto de 2008

Cálculo Económico. Respuesta a Victor L. II

Hola Victor. Respondo a tu contra-réplica en el tema del cálculo económico en una economía de libre acceso.


Hice la aclaración de que Cox se refiere en su artículo al sistema de mercado capitalista actual, no a un modelo teórico en que no interviene el Estado. Sin embargo, la teoría económica de Mises y Hayek incluyen la existencia del Estado, por lo que no se puede decir que está atacando un hombre de paja. Mises y Hayek no hablan de cortes privadas en competencia, a las que aludías en tu respuesta anterior. Eso no quiere decir que Cox no ataque la teoría económica en que se basan.

Dices:

En cuanto a este punto, es cierto que nosotros no podemos garantizar al cien por cien la desaparición de la pobreza; en realidad, no podemos garantizar ni un solo punto de nuestro sistema, de la misma forma que ni siquiera el estatismo actual puede garantizar su continuidad dentro de 24 horas. Ahora bien, ¿es probable que funcione la anarquía de mercado? Y, ¿es probable que dentro de 24 horas continúe el Estado? Eso es lo que podemos discutir.


No te desvíes. No estoy hablando de garantías contra sucesos fortuitos, sino de un modelo teórico que bajo supuestos de condiciones normales muestre que es posible eliminar la pobreza en base a puros mecanismos de mercado. Te recuerdo que le habías recriminado a Cox el suponer que la pobreza era debida a los efectos del mercado y no del Estado.

Mises pretendió demostrar que el socialismo, según los planes de los socialistas de su época –esto es lo importante-, era imposible. Es imposible prever que algún día pueda idearse un sistema que lo haga viable.


Para demostrar que algo es imposible es necesario aportar pruebas positivas de que es imposible. Una simple apelación a la ignorancia no basta. Tienes que ver que aunque una sociedad tenga problemas de cálculo económico no significa que vaya a colapsarse, como supuso Mises.

Si una economía de una persona, al estilo Robinson Crusoe, es posible usando solo el cálculo en especie, como admitía Mises, ¿cuál es el límite cuantitativo en que el cálculo en especie se vuelve insostenible?

Bryan Caplan dice al respecto:

Esto sugiere preguntas obvias. ¿El socialismo de Crusoe de una sola persona se vuelve "imposible" cuando Viernes aparece? Difícilmente. ¿Qué tal si aparecen 100 personas? ¿que tal 1,000? La distinción de Mises entre una economía moderna y la economía de Crusoe, y el hecho de que el argumento del cálculo económico se aplica solo a la primera, muestra de nuevo que Mises tenía unos supuestos cuantitativos, a pesar de sus reservas en contra de ellos. Él está haciendo un juicio cuantitativo de que la falta de cálculo económico no afectará demasiado a una economía de Crusoe, pero que devastará a una economía moderna. Talvez Mises tenga razón, pero él no obtuvo esa respuesta de una pura teoría económica.



Dices:

El problema de ciertas externalidades, como la contaminación que producen los coches, creo que podría resolverse penalizando su producción, en lugar de ir pidiendo indemnizaciones individuales al sinnúmero de propietarios de vehículos. La tasa que debería aplicarse en cada caso deberán juzgarla los expertos y los tribunales de arbitraje ad hoc, en cualquier caso, suponemos que tienen incentivos para hacerlo bien.


Esta solución que propones es más estatista que de mercado. Las cortes privadas estarían tomando decisiones administrativas para toda una comunidad. Recuerda que para que un asunto llegue a la corte es necesario presentar las denuncias correspondientes de parte de los afectados. ¿Y quién va a representarlos a todos? Y dado que los costos están dispersos y los beneficios concentrados, en un sistema privado de cortes existe el incentivo de de crear leyes que permitan la contaminación, ya que los contaminadores tienen más demanda efectiva: están dispuestos a pagar más.

Sobre el problema de las externalidades, esto es lo que Cox le contesta a un anarco-capitalista:

Pero echemos un vistazo a esta hipótesis utópica tuya de que los derechos de propiedad definidos en forma apropiada son la respuesta. En primer lugar, ¿qué tan lejos estás dispuesto a aceptar las implicaciones de esta línea de razonamiento? ¿Vas a privatizar la atmósfera y los océanos? ¿Vas a poner peaje en el pavimento? Ahora estás hablando de burocracia estatista - tu sistema de libre empresa generará una burocracia estatista - sí, una burocracia ESTATISTA, por que al final requerirás un estado para imponer tus derechos de propiedad propiamente definidos - que incluso hará parecer pequeños a aquellos que existían en los imperios de capitalismo de estado de la China Roja y la Unión Soviética combinados. En segundo lugar, ¿qué es lo que va a impedir que algún particular compre una masiva extensión de tierra para tirar allí sus contaminantes? En tercer lugar, ¿qué hacer con los que depositan contaminantes en la propiedad de otras personas sin ser vistos ni detectados? Tú afirmas que si yo tiro mi basura en tu patio habrá una rápida resolución sobre el asunto. Pero es posible que no puedas demostrar que es mío, y yo aun tendré un incentivo económico para tirar ilegalmente ese contaminante en tu tierra sin que tú te des cuenta. No digas que esto no pasa. Sucede todo el tiempo incluso con derechos de propiedad claramente definidos. Podría continuar indefinidamente con este tipo de ejemplos...



Me habías puesto un ejemplo de trueque entre dos productores para demostrar que en el mercado los ingresos estaban basados en "valoraciones mutuas". Con esto mostrarías que el sistema de mercado sí refleja las preferencias individuales, ya que los mismos ingresos están determinados por las preferencias. A lo que respondí que este ejemplo simple ignora variables relevantes, por lo que el aserto de que el mercado refleja las preferencias individuales queda sin probar.

Tú respondes que la introducción de más variables no cambia en un ápice la situación, pero no lo demuestras. Tienes que por lo menos introducir precios monetarios, la división del trabajo y la relación entre capitalistas y trabajadores para demostrar que tu modelo funciona. Te recuerdo que a ese nivel de simplicidad el comunismo sin lugar a dudas funciona. No creo que por eso me concedas que por eso funciona a un nivel más amplio.

Sugieres que la herencia, la suerte, etc. no es relevante a nivel de sociedad, y que extirpar el mal de la desigualdad resultaría en más perjuicio que beneficio. Pero sí son importantes estos factores, por que además tienen efecto cumulativo. No es lo mismo un joven cuya familia puede costear sus estudios que un muchacho que renuncia a ellos por que tiene que trabajar para sobrevivir. Al primero le adjudicarás mayor "capacidad productiva" que al segundo, aunque este último se sacrifique más y trabaje más duro. Las preferencias del muchacho pobre tendrán nulo o poco peso en el sistema de mercado. Para el mercado, la demanda de bienes suntuarios del muchacho afortunado pesa más que la demanda de bienes de subsistencia del muchacho pobre. La "intensidad de la demanda" está sesgada siempre hacia quienes tienen mejores ingresos. Por lo que solo te queda ignorar con ejemplos simplistas este tipo de situaciones o confiar en que en el promedio de grandes números este tipo de situaciones se nivela en forma misteriosa, y que de alguna manera esto representa una asignación eficiente de recursos.

Concedo en que tratar de hacer una distribución más equitativa de la riqueza resulta perjudicial en el sistema de mercado, pero ese es el problema del sistema que defiendes. El comunismo sí puede distribuir la riqueza en forma más equitativa.

De todos modos, si reconoces que la desigualdad es un problema real, tendrás que reconocer que esto tendrá un efecto en la intensidad de la demanda, por lo que las necesidades de muchos individuos no serán tomadas en cuenta o se les dará poco peso.

Tienes razón en que en ocasiones es difícil medir la productividad marginal de cada individuo, sobretodo en las grandes corporaciones que dominan el panorama económico actual –tengo pensado tratar ese tema en el blog próximamente.


Siempre que haya división del trabajo será difícil, sino imposible, estimar en términos monetarios cuánto es el aporte de cada trabajador a la producción. Eso socava tu afirmación de que el mercado determina los ingresos en base a la capacidad productiva. Esto tiene un impacto directo en la intensidad de la demanda.

Luego citas la explicación de Cox de lo que es un sistema auto-regulado de control de existencias, con el ejemplo de como podrían producirse latas de judías, en el cual muestra como la información fluye desde el punto de distribución hasta los productores de materias primas. A lo que respondes:

La comunicación puede pasar, como supone Cox, perfectamente de un actor de la producción a otro hasta que llegamos a los extractores de estaño, con el que se fabrica el envase de las judías. En este punto, debemos hacernos la pregunta que Cox ha estado evadiendo durante todo el párrafo; ¿en qué proporciones ha de asignarse el estaño para sus respectivas demandas? ¿qué porcentaje del cobre disponible debe utilizarse en la producción de latas de judías y qué porcentaje a todos los demás productos manufacturados que se fabrican con él?


La proporción de estaño y acero se determina por medio de la ley del mínimo que se explica en el siguiente apartado. El factor limitante se establece en base a la disponibilidad relativa de insumos a los que se enfrenta la producción. En caso de que la producción de estaño sea insuficiente para varios insumos competitivos, este se asigna en base a una jerarquía de prioridades de producción determinada por la comunidad.

Ante este contratiempo Cox menciona un recurso llamado “el colchón de existencias”, que es un porcentaje de los bienes en cuestión que se almacena para evitar que el aumento repentino de la demanda produzca una escasez. Pero en realidad, este tampoco supera el costo de oportunidad, como Cox supone, sino que él mismo necesita, a su vez, una evaluación de los costos de oportunidad para saber qué cantidad de recursos deben destinarse al “colchón” y, a pesar de todo, solo conseguiría retrasar la disyuntiva de a dónde asignar los recursos hasta el momento en que el colchón se consuma.


No hay ciencia exacta para determinar qué cantidades deben asignarse al colchón de existencias para anticipar un cambio repentino en la demanda, esto se debe a que tales cambios son por definición difíciles de preveer. Pero este no es un problema del modelo de Cox, en el capitalismo actual también es necesario hacer previsiones para cambios repentinos en la demanda. El no hacerlo puede generar escasez y fluctuaciones excesivas de precios.

Las comunas y confederaciones de comunas pueden también crear colchones de existencias o bienes en caso de cambios imprevistos en la oferta y la demanda. Este tipo de inventario ha sido usado en países como Estados Unidos para prevenir cambios en las condiciones del mercado para productos agrícolas y otras materias primas estratégicas que producen movimientos abruptos de precios e inflación. El economista post-keynesiano Paul Davidson argumenta que la estabilidad de precios de materias primas que esto produjo "fue un aspecto esencial en el próspero crecimiento económico sin precedentes de la economía mundial" entre 1945 y 1972. El presidente Nixon desmanteló estos programas de zonas de colchones, lo que resultó en "violentas fluctuaciones de los precios de materias primas" que tuvieron serios efectos económicos". [Anarchist FAQ]


Dices:

En este punto cabrá preguntarse: necesitamos más tierra, trabajo y capital para satisfacer la mayor demanda de estaño (podemos obviar la naturaleza escasa del estaño), ¿de qué actividades desviaremos esa tierra, ese capital y ese trabajo que necesitamos? En este punto solo se puede apelar a la intensidad de la demanda de los consumidores del resto de bienes, y hacer una comparación muy precisa –tal y como hacen los precios- entre ellos para retirar la tierra, el trabajo y el capital necesarios para nuestra actividad –y que deben ser compatibles con ella- de la producción de bienes de escasa valoración.


No existe capital propiamente dicho en el comunismo. La demanda de medios de producción se calcula en especie. Si es necesario elegir entre usos alternativos de estos medios se hará en base a una jerarquía de prioridades sociales. Se procede igual con el recurso tierra.

No es cierto que los precios permitan hacer comparaciones "muy precisas" de la demanda relativa de cada bien en una combinación de bienes. Ya mencioné los efectos de una distribución desigual de los ingresos, los problemas de desequilibrio en un mercado de varios bienes y la incertidumbre del futuro acrecentada por los precios de mercado.

A lo que Cox agrega que "... la evaluación es esencialmente un asunto subjetivo que ocurre en una escala ordinal (A es mejor que, o preferible a, o más valorado que, B). Pretender que de alguna manera puedes medir objetivamente (en la forma de precios) la preferencia o valor a lo largo de una escala cardinal (lo que yace en la raíz del argumento sobre la supuesta unidad común de contabilidad) es un falaz galimatías económico que no tiene una pata téorica en la que sostenerse. Se cae en el problema de inconmensurabilidad, sin mencionar el problema de composición (de que las preferencias individuales se expresan de algún modo en una preferencia social o preferencia agregada, o demanda de mercado; un argumento que tiene tanta base como el concepto estadístico de "persona promedio")

La asignación de la tierra es un problema para el sistema de precios, ya que en él prevalecen situaciones monopólicas que le permiten a las personas obtener ingresos solo por dar permisos de usufructo, y no en base a la "capacidad productiva" de cada individuo. Esto afecta a su vez a la demanda efectiva y la intensidad de la demanda para cada bien.

Por último, la jerarquía de las necesidades no ayuda en esta cuestión porque existen infinidad de bienes considerados “primarios”, “secundarios”, “terciarios”, etc., lo que nos impide compararlos entre sí. Para resolver esta cuestión, el comunismo necesitaría que cada uno de sus componentes elaborase una jerarquía valorando las decenas de miles de bienes que se producen en la sociedad en una escala que, para ser útil, debería abarcar al menos 10.000 cifras y tener en cuenta las peculiaridades de los factores de producción concretos que en ocasiones hacen imposible que determinada porción de trabajo, tierra o capital se transfiera de un sector a otro.

Y aun si esto fuera posible –lo cual es muy dudoso-, la centralización y el procesamiento de las precisas y exhaustivas encuestas de los consumidores haría perder al “socialismo descentralizado” la ventaja que posee con respecto al “socialismo centralizado”; la flexibilidad.


En primer lugar, no siempre tienen por que darse problemas de "cuellos de botella" en la producción. Hay que tener en cuenta que mucha de la escasez actual es una escasez artificial provocada por el sistema de propiedad privada, por lo que no siempre será necesario tomar una decisión de asignar recursos escasos a fines competitivos.

Tampoco es necesario que cada persona haga comparaciones de miles de productos, la mayoría de los cuales no va a consumir. Las decisiones se hacen por las personas y grupos interesados en una estructura comunitaria descentralizada.

Esta estructura comunitaria está integrada a nivel local, regional y global; con sistemas de representantes de los niveles inferiores a los superiores, de manera que la información fluye en ambas direcciones: de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. Este sistema incluye asociaciones de vecinos, consumidores y productores. Por medio de los acuerdos en las asambleas en cada uno de estos niveles es posible formular jerarquías de necesidades de producción con una metodología democrática. La ventaja de este sistema es que es más inclusivo que un sistema de precios, el cual está siempre distorsionado y no permite el intercambio de opiniones.

Por ejemplo, para el estaño, las confederaciones de productores de estaño pueden estar asociadas a nivel global, y pueden tener disponible una base de datos que muestre las fuentes disponibles de estaño. En caso de que el estaño no ajuste para satisfacer la demanda a nivel global, se pueden poner de acuerdo con las confederaciones de consumidores y productores para establecer la jerarquía de necesidades de producción.

El que haya una estructura descentralizada no significa que no se comparta la información. Esta es una ventaja importante sobre el sistema de mercado, en el cual se oculta la información por temor a favorecer a la competencia, lo que crea problemas de acción colectiva.


Posts relacionados

El Mito del Cálculo Económico
Cálculo Económico. Respuesta a Victor L.
Más sobre cálculo económico comunista
Cálculo Económico. Respuesta a Langlois Leer más de esta entrada......

viernes, 8 de agosto de 2008

Cálculo económico. Respuesta a Victor L.

Victor L. de mutualismo.org ha comentado el artículo de Robin Cox sobre el cálculo económico, parte del cual he resumido y traducido.

Contra Cox, Victor L. argumenta que el cálculo económico sí es posible en el mercado, y que los elementos del cálculo económico en una economía sin precios, que plantea Cox, son insuficientes para resolver el problema del cálculo económico en tal sociedad.

Por mi parte, considero que tal crítica falla, y procederé a explicar por qué, punto por punto.


Victor, tú dices:

Antes de comentarlo me gustaría puntualizar que el autor comete los mismos errores de generalización con respecto al mercado que los que achaca a Mises y Hayek en relación al socialismo. Por ejemplo, Robin Cox achaca al mercado, y no al Estado, las causas de la pobreza.


Para Cox, el mercado y el Estado trabajan en tándem, no existe verdaderamente el libre mercado. El capitalismo que él critica es el actual. No se dirige a los anarco-capitalistas o a los mutualistas. Y sin embargo, las teorías de estos últimos no descartan la existencia de la pobreza, lo más que pueden asegurar es que será disminuida, gracias a los efectos de "derrame" generados por el aumento en la productividad resultante de la liberación de los mercados.

Por otra parte, el argumento esencial de Ludwig von Mises contra la planificación comunista, esto es, que el cálculo económico racional es imposible sin precios de mercado, es independiente de la forma en que se planifique la economía, siempre y cuando no permita tales precios. Así nos dice él:

“Para el estudio de los problemas de la economía socialista es secundario saber cómo se forma este órgano y cómo llega a expresarse en él y por medio de él la voluntad colectiva. Poco importa que este órgano sea un príncipe absoluto o la colectividad de todos los ciudadanos de un país, organizada en democracia directa o indirecta.” [1]


Y sin embargo, a pesar de este reclamo, no puede negarse que Mises se concentró en atacar la planificación centralizada, sin enfocarse en los argumentos anarquistas.

En realidad, Mises no logró demostrar que el socialismo sin precios era "imposible". Se basaba más bien en una falacia "ad ignorantiam": "Cómo no se me ocurre como se podría realizar el cálculo económico en el socialismo, voy a suponer que es imposible". La carga de la prueba recae en los socialistas para mostrar que el cálculo económico es posible, una vez logrado esto el "argumento" miseano queda sin efecto.

Comencemos con la crítica que hace Robin Cox. Él sostiene que el precio no refleja “los efectos del mercado en el medio ambiente”, pero si lo observamos atentamente, nos damos cuenta de que los problemas de externalidades son consecuencia de una deficiente demarcación de los derechos de propiedad. Un sistema de justicia competitivo podría establecer aproximadamente los daños que provocan los contaminadores sobre los propietarios afectados y reclamarles una indemnización que automáticamente pasaría a reflejarse en el precio.


Por "un sistema de justicia competitivo" entiendo que te refieres a cortes privadas, -no estatales- que redactan leyes al gusto de sus clientes, y que tú crees que serían imparciales, ya que las fuerzas de mercado les compelerían a ello.

Me parece fácil imaginar que se harían de la vista gorda con ciertos problemas de externalidades, especialmente aquellos en que los costos a las personas se encuentran sumamente dispersos, como ser la contaminación del aire por los automóviles. La contaminación de un sólo automóvil puede ser pequeña, pero si sumamos el efecto creado en con conjunto, puede ser grande, y son miles de personas a las que habría que resarcir, en una ciudad grande.

Sobre los problemas de externalidades, Cox comenta, en el mismo artículo, el tipo de soluciones que talvez tengas en mente (sólo que patrocinadas por el Estado):

Se ha intentado evadir el problema de las externalidades y de los efectos de derrame a través de la aplicación de conceptos como "voluntad para pagar" (VPP) y "voluntad para aceptar" (VPA). Tales conceptos son problemáticos, y proveen de poco alivio a los proponentes del ACE. La VPP tiene que ver con lo que la gente está preparada a pagar para mitigar o evitar algún efecto indeseado, mientras que la VPA se refiere al nivel de compensación financiera que ellos estarían dispuestos a aceptar para soportar tal efecto. Los economistas, en su mayoría, tienden a considerar los costos involucrados en ambos casos como aproximadamente equivalentes, pero hay evidencia considerable basada en encuestas que sugieren que tal no es el caso - no de acuerdo a las "valoraciones subjetivas" de la gente sobre las pérdidas y ganancias ambientales. De hecho, las pérdidas ambientales tienden a ser más altamente valoradas que las ganancias ambientales, aun cuando estén involucradas similares cantidades de dinero. Hay otro número de problemas asociados con estas técnicas (por ejemplo: la tendencia a subestimar el valor futuro de los recursos; el problema de los valores que no son de uso, y los valores sobre opciones sobre las que la persona no hace uso, o quizá solo lo haga en una fecha posterior) todo lo cual subraya las fallas de las valoraciones de mercado, fallas que el ACE tiende a ignorar.


Dices:

Otro de sus argumentos es que el mercado no refleja las preferencias reales de los individuos, ya que estas se ven cercadas por la capacidad adquisitiva de cada uno. A esto podría contestarse que en un mercado realmente libre, incluso en uno que partiera de la igualdad más estricta, el nivel adquisitivo del individuo iría en función de las valoraciones de los demás individuos de su propia producción, por lo que su capacidad de compra sería simétrica a su capacidad de producción.

Para comprender esto y que Cox no nos acuse de entrar en un bucle, podríamos reducirlo a su expresión más simple: en una comunidad de trueque, la capacidad de compra de un individuo X está directamente determinada por la valoración que hace el individuo Y de su producción, en relación de la valoración que hace él de la producción de Y. Si ambos presentan sus productos en el mercado, será la valoración mutua la que determine el poder de compra de cada uno, que variará a su vez en la medida en que satisfaga las necesidades de ambos.

En realidad, Robin Cox acusa a esta explicación de tautológica porque no advierte que tanto la compra como la venta están determinadas por valoraciones recíprocas y, por tanto, no se pueden examinar unilateralmente.


Reconoces que las preferencias de los individuos no se expresan plenamente en el mercado, ya que están limitadas por su poder adquisitivo, pero justificas que este está determinado por valoraciones mutuas.

¿Pero por que no distribuir el producto social de acuerdo a las necesidades de los individuos, en vez de una supuesta capacidad productiva personal?

Aquí sobresale la diferencia con una economía de libre acceso, en la que el trabajo se realiza voluntariamente, y cada quien trabaja para las necesidades sociales, sin esperar un beneficio inmediato de su acción. Sin embargo en el mercado hay un estira y encoge, cada parte busca obtener el mayor beneficio, a cambio de dar lo menos posible a cambio. Esto produce una escasez artificial determinada por el sistema.

El sistema de precios podrá tomar en cuenta las preferencias de los individuos, pero asigna un peso diferente a las preferencias, de acuerdo a la distribución del ingreso. En una "democracia de consumidores" en las que un dólar es igual a un voto, la demanda efectiva privilegia las preferencias de los que tienen mayores ingresos. Se promueve la competencia en vez de distribuir del acervo de riqueza social de acuerdo a las necesidades,

Igualas "capacidad de producción" con "poder económico" basado en el ejemplo simple del trueque que pones, el cual ignora variables relevantes, como el hecho de que el "argumento económico" trata sobre precios monetarios, según los cuales, se nos dice, es imposible el cálculo económico. Pero aquí los precios monetarios están ausentes, siendo el comunismo libertario igual de factible que una economía de mercado, solo que más cooperativo. En segundo lugar, nos presentas una economía de intercambio, siendo que en el mercado están incluidos los elementos de ingreso neto y ganancias. Y que, en este caso, logras mostrar como interactúan las preferencias subjetivas, sin precios monetarios.

La "valoración mutua" de la que hablas, solo queda clara en un ejemplo sencillo como este, ya que en una organización económica compleja, en la que las personas no se conocen entre sí, no se puede decir que los ingresos estén determinados por "valoraciones mutuas". Estos precios e ingresos están influidos por muchas variables, entre las que entran en cuenta hechos que no tienen que ver con la "capacidad productiva" de las personas, como sus conexiones personales, el encontrarse con ventajas monopólicas, la capacidad de negociación, herencias, o la simple suerte que se tenga.

Un aspecto relevante es la dificultad de determinar el aporte de cada persona a la producción, cuando se trabaja en equipo, de tal manera que no se puede atribuirle el ingreso obtenido a su "aporte marginal" a la producción.

Cox también sostiene que es imposible medir exactamente los costes, pues el empresario tiene que tomar siempre las decisiones bajo una previsión imprecisa de los precios futuros de los bienes que produce y, como desconoce estos, derrocha recursos.

En general, Mises y Hayek reconocían que existía un nivel de incertidumbre, en ocasiones muy alto, en las decisiones económicas; sencillamente señalaban que los precios de mercado, junto con una moneda estable, eran la única forma de minimizar los costos de tal incertidumbre.

Entonces, Cox tiene que demostrar que el comunismo libertario es capaz de reducir la incertidumbre de las actividades económicas, lo cual parece poco probable si tenemos en cuenta que el comunismo no puede percibir la intensidad de la demanda, ni anticiparse al futuro, ni posee los incentivos para un acercamiento mínimo.


Reconoces que el cálculo económico en el sistema de mercado no es exacto, y que puede llegar a tener un alto grado de incertidumbre. Pero los costos de mercado en términos monetarios son una fuente de incertidumbre y caos que no existirían en una economía de libre acceso, por lo que tu afirmación de que "los precios de mercado, junto con una moneda estable, son la única forma de minimizar los costos de tal incertidumbre" es más bien débil. Y si asumes que el dinero es una mercancía cuyo precio está sujeto a la oferta y la demanda, mayor incertidumbre todavía. Solo puedes afirmar que los precios monetarios reducen la incertidumbre si asumes que la alternativa de libre acceso no es factible, lo que no has logrado demostrar.

El comunismo libertario puede fácilmente cálcular la intensidad de la demanda, por medio del control de existencias. La tasa de rotación de existencias te dice cuan intensa es la demanda de un producto. Por ejemplo, un producto cuya tasa de rotación de existencias es de 100,000 unidades al mes tiene una demanda más intensa que uno cuya rotación sea de 50,000 unidades al mes.

Ahora sobre el tema de los incentivos, recuerda que este es un sistema solidario, que alienta el trabajo voluntario. Cada persona trabaja para las necesidades sociales, y la sociedad se encarga de satisfacer sus necesidades. No existe ese estira y encoge de intereses del mercado, por lo que la naturaleza solidaria del ser humano aflora con más facilidad.

Ante la afirmación de Cox de que no hay manera de determinar si los "costes reales" del mercado corresponden con los precios sin socavar al mismo tiempo el ACE, tú respondes:

En primer lugar cabe señalar que sí es posible demostrar que el mercado refleja los costes reales. Si aceptamos el presupuesto que hemos tratado antes de que el precio sí refleja las preferencias de los individuos, entonces parece claro que el mercado es capaz de medir los costos reales, esto es, los costos de oportunidad, comparando los precios de las distintas mercancías a la hora de realizar una inversión.

En segundo lugar, aun si no fuera posible demostrarlo, tampoco lo sería desmentirlo y ese punto de su argumentación quedaría neutro.


Ya contesté a tu argumentación, y demostré que tu simple ejemplo ignora importantes variables que se dan en el mercado. Y sin embargo, concedo que un argumento téorico que demuestre que el mercado refleja los costos reales, sería adecuado. Pero me da la impresión que Cox habla aquí de "probar" en forma empírica.

Por otra parte, Cox afirma que el argumento del cálculo económico solo toma en cuenta los costos contables, basado en el ejemplo que se suele poner, de como habría que combinar los insumos, basados en la combinación de menor costo. Los costos sociales de oportunidad brillan por su ausencia en el cálculo empresarial.

Por último, Robin Cox ataca el mercado porque considera que los costos del sistema bancario y financiero son innecesarios, lo cual, en realidad, solo puede aceptarse si se acepta previamente que los precios y el mercado son innecesarios. En cualquier caso, Cox necesita demostrar que el ahorro en los sistemas bancario y financiero compensa los errores que le son achacados a la ausencia de mercado.


Los costos del sistema bancario y financiero son necesarios en el mercado, pero inexistentes en una economía de libre acceso, y esto por definición. Recuerda que Cox argumenta que el mercado es de por sí ineficiente para asignar recursos, y por lo tanto también sujeto a la crítica del cálculo económico. Y concederás que es posible que el mercado asigne mal los recursos, y aun así sobreviva en el tiempo. Por lo tanto, aunque se argumente que el sistema de libre acceso tenga problemas de cálculo económico, no se puede negar que la eliminación del sistema bancario y financiero liberaría una gran cantidad de recursos. Esta es una ventaja importante del comunismo libertario. Hay quienes estiman que los recursos liberados serían de la mitad de los utilizados en la economía actual.

Y ahora, sobre las alternativas al cálculo de precios en una economía de libre acceso propuestas por Cox, dices:

El primer mecanismo es el cálculo cuantitativo, que consiste en hacer una especie de “recuento de inventario” sobre las mercancías que son necesarias.


En el sistema de libre acceso no existen mercancías, por que los bienes no se destinan al intercambio, sino al uso. Conviene mejor referirse a los insumos necesarios para crear un producto, estos insumos se miden en unidades físicas, no en unidades monetarias.


Después de enumerar los elementos que Cox propone para realizar el cálculo económico en una economía de libre acceso, dices:

Ninguno de estos factores consigue, en realidad, poner fin al problema del cálculo económico en el comunismo. Este problema consiste en reducir toda la información dispersa a una unidad común (en el caso del mercado, es el precio) para saber cuál es el mejor uso de los recursos disponibles.


Esta objeción que haces no es razonable, por que estás exigiendo que el problema de la asignación de recursos sea resuelta de la manera que lo hace el mercado. El verdadero problema del cálculo económico es justamente la asignación eficiente de recursos, no el problema que tú dices.

Efectivamente, el cálculo cualitativo no consigue establecer una comparación entre las distintas combinaciones de bienes como para establecer cuál es óptima.


El criterio del factor limitante si te da un criterio para elegir entre diferentes combinaciones de insumos, tal como lo explica Cox, por lo que tu objeción no tiene base alguna.

El sistema autorregulado de existencias implica un cálculo previo de la rotación de las mismas que solo puede establecerse mediante los precios y que, cualquier caso, el autor no resuelve.


Me sorprende esta afirmación, por que el sistema de control de existencias me parece muy simple de entender, ya que existe en el capitalismo actual, solo que paralelo al control de existencias existen los precios. Elimina los precios, y verás que el sistema funciona igual de bien. Solo tienes que ver cuantas unidades del producto se van quitando de los estantes. Conforme a esta cantidad de unidades retiradas, calculas la cantidad de insumos que necesitas para producir más unidades del producto, de manera que que haya un abastecimiento constante.

Ahora, si por "cálculo previo" te refieres al caso específico de un nuevo punto de distribución que empieza sus actividades y necesita hacer un "cálculo de la demanda", lo hace en forma similar en lo que lo haría una empresa capitalista con investigaciones de mercado. Antes de producir un bien, podríamos pedirle su opinión a los consumidores.

La ley del mínimo solo puede orientar pobremente la producción, puesto que carece de mecanismos para seleccionar el mejor bien sustitutivo del factor limitante.


Por medio de las tecnologías de comunicación, que ya existen, sería posible conocer rápidamente la disponibilidad relativa de diferentes bienes sustitutos, por lo que escogeríamos el sustituto más abundante. Este sería un método de cálculo más exacto, ya que el precio de mercado normalmente tiene distorsiones que no te permiten comparar la escasez relativa de un bien, ni de calcular los costos sociales de oportunidad.

Y, por último, la jerarquía de necesidades no da ninguna respuesta al problema del cálculo económico racional y, además, establece una jerarquía de prioridades que no guarda ninguna relación con la que pueda poseer el individuo.


Esta afirmación tajante no tiene peso, es obvio que una jerarquía de prioridades sociales puede servir de guía para administrar los recursos en forma eficiente. Cox menciona el ejemplo obvio de priorizar las necesidades básicas de las personas, como alimentación, techo y saneamiento. No tiene sentido que digas que "no guarda ninguna relación con la que pueda poseer el individuo", ya que el problema de asignación de recursos tiene que ver con las necesidades de los individuos que no viven aislados, sino en sociedad, de manera que se maximice el bienestar social.

Luego pones un ejemplo que crees que muestra la incapacidad de cálculo económico de una economía de libre acceso.

Dices:

Dado un depósito de la materia prima X que abastece a dos industrias, A y B, el mercado distribuirá la materia prima en función del precio que adquiera en el producto final de las industrias A y B. Si la industria A obtiene más dinero por su producto acabado que la industria B, estará dispuesta a pagar más por la materia prima X y podrá abastecerse de mayor cantidad.

En cambio, bajo el comunismo descentralizado es imposible resolver este problema: ni el cálculo cualitativo, ni el sistema autorregulado de existencias ni la ley del mínimo lo consiguen, y la jerarquía de necesidades, por su parte, solo podría establecer una proporción de suministro arbitraria entre las dos industrias, puesto que no guardaría relación con la intensidad de la demanda de los individuos.


Entiendo que lo que te preocupa es el caso en que el insumo X es insuficiente para abastecer a las dos industrias, de lo contrario no habrá ningún problema de abastecimiento. Este caso puede tratarse obviamente incrementando la producción del insumo X. De no poder hacerlo, se puede intentar cambiar la mezcla técnica de los insumos o buscar sustitutos (aquí se aplica la ley del mínimo). Si no se logra esto, habrá que implementar un racionamiento. Se puede consultar a los consumidores y apelar a su buena voluntad para que determinen que bienes consideran más urgentes (la tasa de rotación de existencias puede darte una idea en este sentido) y pedirles que economicen los bienes escasos, o habrá que implementar un racionamiento obligatorio con base en criterios racionales.

De manera que tu afirmación de que el comunismo descentralizado no tiene manera de bregar con este tipo de problemas resulta cuanto menos exagerada. Sobre todo si tenemos en cuenta que en la vida real los mercados no se vacían, como sería de esperarse de acuerdo al modelo de la oferta y la demanda, por lo que los precios no reflejan las preferencias relativas, y aprovecho tu ejemplo para ilustrarlo.

Supongamos que los mercados de los bienes A y B, así como el insumo X están inicialmente en equilibrio. Luego, supongamos que se da un desequilibrio del mercado del bien A debido a un aumento de la demanda. Esto producirá un desequilibrio en el mercado del insumo X, lo que a su vez producirá un desequilibrio en el mercado del bien B. Con estos tres mercados en desequilibrio, no hay nada que me garantice que se alcanzará un equilibrio simultáneo, de manera que la demanda y la oferta nunca se igualarán, esto producirá una variación caótica de precios que hará imposible todo cálculo empresarial. Aumenta el número de bienes e insumos y el efecto caótico aumenta. Los precios podrían variar tanto, que el precio del sandwich que te comes en la cena puede resultar el doble del mismo que te comes en el desayuno. Y entre más rápido viaje la "información" transmitida por los precios, mayor es el efecto caótico.

Obviamente en la práctica los precios no varían tanto. Ello se debe a que los empresarios no calculan el precio basándose en el equilibrio de la oferta y la demanda, si no que se establece un precio que permita la marcha indefinida del negocio. Normalmente se establecen márgenes de ganancias sobre los costos de producción, de manera que permita al empresario un margen de maniobra, un colchón que amortigue las variaciones de la demanda. Este margen permite también el establecimiento de promociones para atraer y fidelizar a los clientes. De manera que, en la práctica, la respuesta de los precios a los cambios de mercado resulta lento en muchas situaciones.

Con una planificación más conciente, basada en las existencias de bienes físicos es posible vislumbrar una forma más racional de administrar la demanda, de manera que la mayor velocidad en la velocidad con que viaje la información, aumente la eficiencia, en vez de restringirla. Se podrían usar matrices de insumo-producto. Esto es ahora más factible con la moderna tecnología de cómputo y comunicación.

Por otro lado, y para finalizar, Robin Cox supone un entorno de economía estática. En el supuesto más realista de una economía dinámica, el comunismo no puede establecer con precisión qué porcentajes de tierra, capital y trabajo se dedica a las distintas tareas. Por ejemplo, si la demanda de judías descendiera, ¿cómo podría determinar qué porcentaje de tierra, capital y trabajo deben transferirse y a qué otra rama?


No sé a que viene acusar a Cox de suponer un entorno de una economía estática, cuando el control de existencias supone un efecto claramente dinámico. En lo que se refiere al capital, obviamente no existe el capital financiero en una economía de libre acceso, ello es una ventaja y no una desventaja, como habíamos visto previamente; aunque podría hablarse, si se quiere, de capital físico y humano. Los cálculos se realizan en términos de bienes físicos. En lo que respecta a la tierra, no veo problema, sobre todo si tenemos en cuenta que este es un factor muy malamente distribuido por el mercado. El trabajo igualmente, se planifica sobre las necesidades de producción. Tiene la ventaja la economía de libre acceso de que todos pueden trabajar. No como sucede actualmente que hay quienes trabajan muy duro, mientras que otras personas no tienen trabajo en absoluto. Una economía de libre acceso garantizaría un uso más racional del trabajo humano, aumentando el tiempo libre y la satisfacción al trabajar, opciones que el mercado no provee.

Por ejemplo, si la demanda de judías descendiera, ¿cómo podría determinar qué porcentaje de tierra, capital y trabajo deben transferirse y a qué otra rama?


¿Y cómo se determina en el capitalismo? Se espera que hayan empresarios que detecten nuevas oportunidades de negocio. Pues en la economía de libre acceso tambien hay personas que pueden vislumbrar nuevas oportunidades, solo que no serían con fines de lucro, sino para satisfacer las necesidades humanas.

Añádanse, además, los posibles falseos de información por parte de las unidades de producción, con el objeto de que los órganos de planificación no detecten el déficit o la ausencia de demanda de su producción que obligue a suspender sus actividades.


Se te olvida que en este tipo de sociedad el trabajo no se hace por lucro, como en el sistema de mercado, sino para satisfacer las necesidades sociales. No hay nada que ganar con el falseo de información.

Puede concluirse, en definitiva, que las soluciones de Robin Cox son insuficientes para hacer frente a los problemas económicos de una sociedad a gran escala.


Y parece ser que el criterio que utilizas para concluir eso es que sistema de libre acceso no cumple los estándares de una economía de mercado. Queda sin probar el aserto de que una sociedad de comunismo libertario es teóricamente imposible.

En conclusión, los ingresos no están determinados únicamente por la capacidad personal del individuo para producir, y es difícil determinar el aporte de cada persona a la producción, por lo que los salarios no pueden explicarse en términos de estos últimos. Luego, no es cierto que los ingresos reflejen las "valuaciones mutuas" entre productores. Esto implica que el sistema de precios no refleja las preferencias subjetivas de las personas. Los mercados no se vacían; si los precios se determinaran por la oferta y la demanda, de acuerdo con los modelos téoricos, estos variarían en forma caótica, imposibilitando el cálculo empresarial. El mercado, entonces, no logra armonizar las preferencias individuales para maximizar el bienestar social, lo que implica que el mercado tiene problemas de cálculo económico.

Es sobre este deficiente sistema económico sobre los que Victor L. toma los parámetros para pronunciar su opinión de que el cálculo económico es imposible en el comunismo libertario. Sin embargo, los criterios de decisiones económicas aportados por Cox son válidos, aunque no se ajusten a la manera de hacer las cosas en una economía de mercado.

Aun suponiendo que los argumentos de Cox y los míos fallaran, siempre existe la posibilidad de idear otros métodos de cálculo económico. De manera que la afirmación de que el socialismo es imposible queda solo como una apelación a la ignorancia.

Y aunque fuera cierto que el comunismo libertario tiene problemas de cálculo económico, no por ello significaría que es un modelo inviable de sociedad, como no lo es el capitalismo actual, con su pésima gestión de recursos.

Posts relacionados

El Mito del Cálculo Económico
Cálculo Económico. Respuesta a Victor L. II
Más sobre cálculo económico comunista
Cálculo Económico. Respuesta a Langlois Leer más de esta entrada......

lunes, 4 de agosto de 2008

El Mito del Cálculo Económico

A continuación presento un resumen del artículo de Robin Cox, The "Economic Calculation" controversy: unravelling of a myth (La controversia del "Cálculo Económico". Deshaciendo un Mito). Por su importancia, traduzco en forma completa la última parte del documento, que trata sobre la Anatomía de una Economía Socialista.[1]

Ver también posts relacionados:

El Problema del Cálculo Económico

Por qué el equilibrio es importante



El "argumento del cálculo económico" (ACE) está principalmente ligado con Mises. Después de la Revolución Rusa se dio un fuerte debate sobre la factibilidad del socialismo, un término que antes se consideraba sinónimo del comunismo sin mercado de Marx. Lenin, sin embargo, se desvió de esa definición de socialismo, al considerarlo como una etapa intermedia entre el capitalismo y el comunismo.

¿En qué consiste el "argumento del cálculo económico"?

Asumamos que una fábrica en el socialismo produce un bien de consumo X. Asumamos que para fabricar X se necesitan solo dos clases de insumos, A y B. Supongamos entonces que hay tres diferentes métodos para producir una unidad de X, los que involucran tres diferentes combinaciones de A y B, como sigue:

El método 1 requiere 9 unidades de A y 10 unidades de B, el método 2 requiere 10 unidades de A y 9 unidades de B, el método 3 requiere 10 unidades de A y 10 unidades de B.

Según el criterio de "eficiencia técnica", el método 3 queda descartado por consumir más unidades de insumo que los métodos 1 y 2, respectivamente. Sin embargo queda el problema de elegir entre los métodos 1 y 2. Con un sistema de precios, se puede elegir la combinación que tenga menor costo monetario, así, si una unidad de A cuesta 1 dólar y una unidad de B cuesta 2 dólares, el costo total de producir 1 unidad de X sería 29 dólares utilizando el método 1, y 28 dólares utilizando el método 2. Por lo que sería recomendable que la fábrica seleccionara el método 2, por requerir menor costo.

El problema es que en una economía socialista no existirían precios de mercados que nos permitieran disponer de tal método para tomar una "decisión racional".

Según Mises, y la Escuela Austríaca de Economía, en el proceso de competencia que se da en el mercado, las valuaciones subjetivas de los consumidores quedan expresada en forma objetiva en forma de razones de intercambio, o precios. Esto tiene algo de verdad, por ejemplo, si uno prefiere roast beef a una hamburguesa de Mcdonald's, esto se verá reflejado en el precio más alto que tengamos que pagar por tal articulo. Sin embargo, esto deja de lado un problema básico, en una economía de mercado no se puede expresar su preferencia si no se tienen los medios para hacerlo (poder adquisitivo). Usted puede preferir roast beef, pero después de consultar con su billetera, puede descubrir, para su consternación, que tendrá que conformarse con una hamburguesa. La demanda efectiva es la que junto con la oferta determina el precio, pero esta demanda efectiva depende de la distribución desigual del ingreso. Los austríacos responden a esto argumentando que los diferenciales de ingreso reflejan las valuaciones que los diferentes individuos hacen de diferentes ocupaciones y las diferentes contribuciones que hacen a la sociedad, por las que la "sociedad" les "recompensa". Sin embargo, no hay manera de probar esta afirmación, ya que tales valuaciones también están sujetas a las limitaciones de la "demanda efectiva".

Se dice que la contabilidad con precios de mercado refleja los costos de oportunidad, sin embargo, el ejemplo anterior nos muestra que en realidad el ACE solo toma en cuenta los costos contables. También se dice que los precios de mercado permiten una "medición exacta" de los costos. Sin embargo esto no nos dice mucho, un juego de monopolio también provee de "medición exacta" de costos, pero nadie sugiere que nos da intuiciones profundas que sería tonto ignorar. La afirmación de que los costos de mercado implican "costos reales" solo se puede probar si existe un método que demuestre una correlación entre los costos de mercado y los "costos reales", y solo se podría demostrar tal correlación midiendo unos contra los otros, sin embargo, esto significaría que los "costos reales" se podrían medir independientemente de los costos de mercado, lo que refutaría el ACE.

También está el conocido problema de las externalidades y de los efectos de derrame. Los efectos del mercado en el medio ambiente que no están reflejados en los precios.

Por otra parte, la "medición exacta" de costos no es posible, ya que el empresario, para obtener un ingreso neto que le compense su inversión, debe tener en cuenta los precios futuros, los cuales no es posible conocer con anticipación, debido a la incertidumbre del mercado. A esto se puede responder que el mercado premia a los empresarios que calculan bien sus costos y castiga a los que calculan mal. Sin embargo, no existe un mecanismo que refine las habilidades de los empresarios que calculan bien, lo que resulta en costos perdidos (sunk costs).

La afirmación de Mises de que el socialismo carecería de una guía confiable para tomar decisiones económicas puede también dirigirse al capitalismo de mercado. Si vemos al modelo de "equilibrio general" de la economía, este afirma que es necesario obtener cierto número de condiciones simultáneas para que la demanda de bienes sea igual a su oferta. Si no se cumplen esas condiciones, una simple distorsión de un precio produciría que todos los precios se distorsionaran, debido a su efecto en cadena en todas las ramas de la economía. Estos precios distorsionados no servirían de guía confiable para tomar decisiones económicas racionales. Este modelo de "equilibrio general" es una pura abstracción que no tiene fundamento en la realidad. Mises reconoció esto, pero no se dio cuenta de las consecuencias devastadoras para su propia teoría de cálculo económico.

La implicación del argumento de Mises es que entre más espacio se deje para el libre juego de las fuerzas de mercado, el proceso de asignación de recursos se vuelve más eficiente. Esta afirmación tampoco tiene fundamento empírico sólido.

Algo que suele dejar de lado es que el sistema de contabilidad monetario, aunque sirve para calcular costos, resulta él mismo en un costo. Al eliminarse el sistema bancario y financiero, que tiene una gran complejidad en el sistema actual, se liberarían una gran cantidad de recursos en una economía socialista de "libre acceso".

Los proponentes del ACE suele enfocar su crítica a una economía de planificación centralizada, lo cual es una distracción. Es posible responder al ACE con una visión relativamente descentralizada y ordenada espontáneamente del socialismo.


ANATOMÍA DE UNA ECONOMÍA SOCIALISTA

Por "socialismo" o "comunismo", como vimos antes, se entendía tradicionalmente a una sociedad sin mercados, dinero, trabajo asalariado o estado. Toda la riqueza sería producida en forma voluntaria. Los bienes y servicios serían provistos directamente para necesidades auto-determinadas y no para la venta en el mercado, estos estarían libremente disponibles para ser tomadas por los individuos, sin requerirles a estos individuos que ofrezcan algo en intercambio directo. El sentido de obligaciones mutuas y el conocimiento de una interdependencia universal que surge de esto colorearían las percepciones e influenciarían el comportamiento en tal sociedad. Podríamos entonces clasificar a esa sociedad como siendo construida alrededor de una economía moral y un sistema de generalizada reciprocidad.

El libre acceso a bienes y servicios es un corolario de la propiedad común de los medios de producción del socialismo; donde se tiene intercambio económico se debe lógicamente tener propiedad privada o seccional de esos medios de producción. El libre acceso a bienes y servicios niega a cualquier grupo o individuo la influencia política con la que dominar a otros (una característica intrínseca de toda sociedad basada en la propiedad privada o sociedad de clases). Esto funcionará para asegurar que una sociedad socialista sea dirigida por la base de un consenso democrático. Las decisiones se harán en diferentes niveles de organización: global, regional y local, con la mayor carga de toma de decisiones siendo hecha a nivel local. En este sentido, una economía socialista sería policéntrica, no una economía centralmente planificada.

Sobre estas características generales que definen a una economía socialista uno puede identificar un número de características derivadas o secundarias que interactúan unas con otras en una forma coherente, y tienen particular relevancia sobre el asunto de la asignación de recursos. De igual manera que los bienes de consumo, los bienes de producción serán libremente distribuidos entre las unidades de producción, sin un intercambio económico mediando en el proceso. Podemos listar las varias características secundarias interconectadas de una economía socialista de la siguiente forma:

A) Cálculo en especie [2]

El cálculo en especie implica el conteo o medida de las cantidades físicas de diferentes cantidades de factores de producción. No existe una unidad general de contabilidad involucrada en este proceso, como el dinero, horas de trabajo o unidades de energía. De hecho, cualquier sistema económico concebible debe basarse en el cálculo en especie, incluyendo al capitalismo. Sin él, la organización física de la producción (por ejemplo, el mantenimiento de inventarios) sería literalmente imposible. Pero donde el capitalismo se basa en la contabilidad monetaria así como en el cálculo en especie, el socialismo se basa solo en el último. Esta es una razón por la que el socialismo tiene una decisiva ventaja productiva sobre el capitalismo; al eliminar la necesidad de asignar vastas cantidades de recursos y trabajo implicados en el sistema de contabilidad monetaria.

Una crítica del cálculo en especie es que no permite a los tomadores de decisiones comparar los costos alternativos de agregados de combinaciones de factores de producción para llegar a una combinación de "menor costo". Esto, como vimos antes, está basado en un completo malentendido. En una economía socialista, no habría necesidad de realizar tal operación. Sin embargo, esto no significa que no será posible comparar alternativas de combinaciones de factores - como el método 1, 2 y 3 en nuestro ejemplo- con otra base, y llegar a una decisión sobre cual es el uso más eficiente, como veremos más adelante.

Otto Neurath fue probablemente el más prominente defensor del cálculo en especie. Neurath escribió un reporte al Concilio de Obreros de Munich en 1919 titulado "De la Economía de Guerra a la Economía en Especie", al que Mises atacó más tarde. En su reporte, Neurath argumentaba que la economía de guerra de Alemania había demostrado la posibilidad de prescindir también del cualquier forma de cálculo monetario. Sin embargo en aquel tiempo esa posición estaba algo debilitada por el hecho de que él también se suscribía a un sistema de planificación central. Esto lo hizo vulnerable a los argumentos miseanos en contra de la planificación centralizada que tratan sobre los problemas de reunir la información dispersa de los actores económicos en una economía. Neurath cambió en un momento posterior de su vida su concepción centralizada del socialismo y desarrolló en su lugar una "concepción asocianal del socialismo" que implicaba "una descripción descentralizada y participatoria de la planificación socialista".

En su debate con Mises, Neurath fue mordaz en su crítica del "pseudoracionalismo" empleado por Mises, y el supuesto equivocado de que las decisiones racionales requieren conmensurabilidad de diferentes valores. Esto, como lo señala O'Neill, reduce la toma de decisiones a "un procedimiento puramente técnico" que deja a un lado "juicios éticos y políticos" (como vimos en nuestra discusión de externalidades). Una de la ventajas de un sistema de cálculo en especie es que abre la posibilidad de un enfoque más pulido y matizado a la toma de decisiones, y le da más peso a factores tales como preocupaciones ambientales, muchas veces dejadas de lado en los cálculos de mercado.

B) Un sistema auto-regulado de existencias

El problema con un modelo de planificación centralizada de socialismo es, entre otras cosas, su incapacidad para lidiar con el cambio. Carece de cualquier clase de mecanismo de retroalimentación que permita el mutuo ajuste entre los diferentes actores de tal economía. Es completamente inflexible en este sentido. Una versión descentralizada o policéntrica del socialismo, por otra parte, vence las dificultades. Se facilita la generación de información concerniente a la oferta y la demanda para la producción y consumo de bienes a lo largo de la economía, a través de una red de información distribuida (hoy mayormente computarizada) de una manera que era inimaginable cuando Marx estaba vivo, o cuando Mises escribió su tratado de cálculo económico. Esta información, como veremos, jugaría un rol importante en el proceso de una eficiente asignación de recursos en una economía socialista.

Los sistemas de control de existencias o inventarios, utilizando el cálculo cualitativo, son, como se sugería anteriormente, absolutamente indispensables para cualquier sistema moderno de producción. Aunque es cierto que ellos operan actualmente dentro de un ambiente de precios, ello no es lo mismo a decir que necesitarán de tal ambiente para poder operar. La clave para una buena administración de existencias es la tasa de rotación de existencias -cuan rápidamente la existencia es sacada de los estantes- y el punto en el cual sea necesario reordenarla. Este también será afectado por consideraciones como los lead times -cuánto se tardará para que vengan existencias frescas- y la necesidad de anticipar posibles cambios en la demanda. Estas son consideraciones que no dependen de una economía de mercado en absoluto. Es interesante notar que Marx escribió en el Capital Vol. II sobre la necesidad que tiene una economía socialista de proveer un colchón de existencias como una salvaguarda para las fluctuaciones en la demanda.

Una típica frecuencia de flujos de información en una economía socialista podría ser como sigue. Asumamos que un punto de distribución (tienda) tiene en existencia cierta cantidad de bienes -digamos, latas de judías horneadas. Por experiencia anterior se sabe que será necesario ordenar aproximadamente 1000 latas a los proveedores al principio de cada mes, ya que si no se hace así, al final del mes las existencias serán pocas.

Asumamos que, por cualquier motivo, la tasa de rotación de existencias se incrementa rápidamente en digamos 2000 latas por mes. Esto requerirá entregas más frecuentes o, alternativamente, entregas más grandes. Posiblemente la capacidad del punto de distribución no sea lo suficientemente grande para acomodar la cantidad extra de latas requeridas, en cuyo caso se optará por entregas más frecuentes. Se podría también aumentar su capacidad de almacenaje, pero esto talvez tome algo más de tiempo. En cualquier caso, esta información será comunicada a los proveedores. Estos proveedores, a su vez, pueden necesitar más hojalata (lámina de acero cubierta de estaño), para hacer más latas, o más judías, para ser procesadas, y esta información puede similarmente ser comunicada en la forma de nuevas órdenes a los suplidores de esos artículos que se encuentran más abajo en la cadena de producción. Y así por el estilo. Todo el proceso es, en gran parte, automático -o auto-regulado- siendo conducido por las señales de información dispersa de los productores y consumidores sobre la oferta y la demanda para bienes, y, como tal, está muy alejada de la burda caricatura de una economía de planificación centralizada.

Se puede argumentar que esto deja de lado el problema de los costos de oportunidad, que está en el corazón del argumento del ACE. Por ejemplo, si el proveedor de judías horneadas ordena más hojalata a los fabricantes de hojalata, entonces esto implicará que otros usos que se le dan a este material serán eliminados en esa cantidad. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la sistemática sobreproducción de bienes de la que Marx habló, es decir, el colchón de existencias, se aplica a todos los bienes, tanto de consumo como de producción. De manera que el aumento de demanda de un consumidor/productor, no necesariamente implicará un corte en el suministro a otro, o al menos, no inmediatamente. La existencia de un colchón de existencias nos proporciona un período de reajuste. Esto nos lleva nítidamente a nuestro segundo punto- a saber, que este argumento deja de lado la posibilidad de que hayan proveedores alternativos de este material o de hecho, para ese caso, sustitutos más disponibles para los contenedores (digamos, plástico). Tercero, y más importante, como veremos, incluso si asumimos el caso del peor escenario: en el que enfrentamos una austera decisión entre tener más latas de judías horneadas y menos de otra cosa, a causa del desvío de suministro de hojalata para la fabricación de latas adicionales- aun así hay una manera de tomar una decisión sensata que pueda asegurar la asignación económicamente más eficiente de recursos en estas circunstancias austeras.

C) La Ley del Mínimo

La "ley del mínimo" fue formulada por un químico agricultor, Justus von Liebig en el siglo XIX. Lo que dice es que el crecimiento de la planta no es controlado por el total de recursos disponibles por la planta sino por el factor particular que es más escaso. A este factor se le llama el factor limitante. Es solamente mediante el aumento del suministro del factor limitante en cuestión -digamos fertilizante de nitrógeno, o agua en un ambiente árido- que se puede promover el crecimiento de la planta. Esto, sin embargo, conducirá a que sea otro factor el que asuma el papel de factor limitante.

La ley de Liebig puede ser aplicada igualmente al problema de la asignación de recursos escasos en cualquier economía. De hecho, el rechazo de Liebig a la afirmación de que es el total de recursos disponibles lo que controla el crecimiento de la planta encuentra un eco en el rechazo socialista de la afirmación de que debemos comparar los "costos totales" de combinaciones alternativas de factores. Para cualquier combinación dada de factores requeridos para producir un bien determinado, uno de estos será el factor limitante. Siendo todas las cosas iguales, tiene sentido desde un punto de vista económico economizar más aquellas cosas que son más escasas y hacer mayor uso de aquellas que son abundantes. Los factores que se encuentren entre estos dos polos pueden ser tratados respectivamente en términos relativos.

Afirmar que todos los factores son escasos (por que el uso de cualquier factor implica un costo de oportunidad) y, en consecuencia, necesita ser economizado, no es un enfoque sensato para ser adoptado. Una efectiva economización de recursos requiere discriminación y selección; no se puede tratar cada factor de igual manera -esto es, igualmente escaso- o si se hace, esto resultará en una mala asignación de recursos y una ineficiencia económica. ¿Sobre que base se debe discriminar entre factores? Esencialmente, la base más sensata sobre la que hacer tal discriminación es la disponibilidad relativa de los diferentes factores, y de esto es precisamente sobre lo que trata la ley del mínimo.

De hecho, uno puede ir más allá. Como una economía socialista sería en su mayor parte una economía auto-regulada, involucrando un considerable grado de mutuo ajuste y retroalimentación, esta sería llevada inevitablemente en la dirección de una asignación eficiente de recursos por el tipo de restricciones aludidas en la ley del mínimo de Liebig. Estas restricciones en el suministro operarían inevitablemente en cada sector de la economía y en cada punto a lo largo de cada cadena productiva. Cuando un factor en particular es limitado en relación a las múltiples demandas que recaen sobre él, la única manera en que puede ser "ineficientemente asignado" (aunque esto en última instancia es un juicio de valor) es escogiendo "incorrectamente" a cual uso final particular debe de ser asignado (un punto que consideraremos en breve). Fuera de eso, no se puede usar mal o asignar mal un recurso si simplemente no está disponible para ser mal asignado (esto es, cuando hay un inadecuado o inexistente colchón de existencias en el estante, por decirlo así). Por necesidad uno se ve obligado a buscar una alternativa más abundante o substituto (lo que sería el comportamiento sensato en esta circunstancia).

La relativa disponibilidad de un factor es determinada 1) por el suministro bruto de ese factor en relación a otros factores en cualquier agregado de factores requeridos para producir un determinado bien, tal como lo revela el sistema auto-regulado del sistema de control de existencias y 2) las razones técnicas de todos estos factores en este agregado, incluyendo nuestro factor en cuestión, requeridas para producir este bien determinado. Esta razón nos dice cuánto de cada factor es necesario, razón que podemos comparar con el suministro de cada factor para llegar a tener alguna idea de la disponibilidad relativa del factor en cuestión en relación con otros factores.

Veamos como esto podría funcionar en la práctica. Digamos que una unidad de un bien Y puede ser producida utilizando 3 unidades del factor M y 2 unidades del factor N. Si hay 6 unidades de M y 6 unidades de N entonces trabajamos fácilmente cual de estos factores - M o N - es el factor limitante. En este caso es M por que si 1 unidad de Y puede ser producida usando 3 unidades de M y solo hay 6 unidades de M, se sigue que solo se puede producir 2 unidades de Y en total (si descartamos N). Por otro lado, si 1 unidad de Y puede ser producida usando 2 unidades de N y hay 6 unidades de N en total esto nos permitiría producir 3 unidades de Y (si descartamos M). Si la demanda total por Y fuera solo de 2 unidades o menos entonces no tendríamos mucho de que preocuparnos. Si la demanda fuera de más de 2 unidades de Y, tendríamos que considerar maneras de incrementar el suministro de Y, por ejemplo, mediante la alteración de la combinación técnica de insumos de manera que requiera menos unidades de M y más de N. En otras palabras, estaríamos reduciendo las restricciones de suministro que M ejerce al limitar el producto de Y. Nótese que todo esto es perfectamente posible sin recurrir en manera alguna a precios de mercado. Nótese también que reconoce y pone en operación el concepto de costos de oportunidad con que el ACE está ostensiblemente preocupado. Así, si deseamos desviar 4 unidades de N fuera de la producción de Y a la producción de cualquier otro bien - llamémoslo Z - entonces sabremos muy bien lo que hemos perdido al haber cortado los suministros de N necesarios para producir Y. Las 2 unidades de N con las que quedamos después de que las otras 4 han sido desviadas a Z solo serán suficientes para la producción de 1 unidad de Y. Mientras que antes podríamos haber producido 2 unidades de Y donde M era el factor limitante, desviando 4 unidades de N a Z significaría, en efecto, que N reemplazaría a M como el factor limitante al producir, y que el costo de oportunidad de desviar 4 unidades de N a Z nos daría la pérdida de una unidad de Y.

Lenta pero inexorablemente vamos cerrando la red alrededor del ACE. Solo falta por identificar una más de las características interconectadas del socialismo para cerrar el círculo completamente.

D) Una jerarquía de necesidades de producción

En cualquier economía es necesario que haya alguna manera de priorizar las metas de producción. En el capitalismo, como hemos visto, esto se hace sobre la base del poder adquisitivo. Desde el punto de vista de las necesidades humanas, sin embargo, esto puede ser extraordinariamente ineficiente. El economista Arthur Pigou argumentaba en su influyente trabajo Economía del Bienestar que es "evidente que cualquier transferencia de ingreso entre un hombre relativamente rico a uno relativamente pobre de temperamento similar, al permitir a los deseos más intensos ser satisfechos a expensas de los deseos menos intensos, debe incrementar la suma agregada de satisfacciones". El punto de Pigou es que la utilidad marginal de, digamos, un dólar, a un hombre pobre valía mucho más que a un hombre rico. De esa manera la sociedad como un todo se beneficiaría - esto es, la suma de la utilidad total sería mejorada - si hubiera una transferencia del último al primero. El problema es que esta clase de distribución del ingreso, no importa lo mucho que produzca un resultado palpablemente ineficiente, no solo es una consecuencia, sino un requerimiento funcional de una economía de mercado. De hecho, este es un punto que los defensores del libre mercado hacen rutinariamente. La redistribución, dicen ellos, tiende a socavar la propia estructura de incentivos sobre la que una economía boyante depende.

Es esta grosera desigualdad de la distribución del ingreso, o poder adquisitivo, la que se ha hecho más notoriamente desigual en las recientes décadas, tanto a nivel nacional como global, la que produce un efecto tan profundo en todo el patrón y la composición de la producción en estos días -y la consecuente asignación de recursos subyacente. Esto se refleja en la clase de prioridades de producción que se manifiestan alrededor de nosotros: consumo conspicuo en medio de la pobreza más abyecta. Tal consumo es la piedra angular de un sistema de diferenciación de estatus que, a su vez, provee los fundamentos ideológicos de una dinámica acumulativa capitalista. Es de tal dinámica que el mito de las demandas insaciables florece. La lógica de la competencia económica se expresa como un imperativo económico que compele a las empresas competidoras a buscar y a estimular sin límite la demanda de mercado. El aumento en el consumo produce un aumento de estatus, lo que, a su vez, convenientemente, permite a esas empresas incrementar sus oportunidades de realizar ganancias.

Como Thorstein Veblen sugería en su obra La Teoría de la Clase Ociosa (1925), dentro de esta estructura jerárquica en que la estima social está relacionada con la "fuerza pecuniaria" del individuo, es la forma en la que los que están en la cima ejercen su fuerza pecuniaria lo que provee el significante clave de estima social en este sistema. De ahí que el énfasis esté en el lujo extravagante, que solo los ricos pueden realmente permitirse. Pero como Veblen observa sagazmente, esto no impide que los que estén más abajo en la jerarquía imiten a los que están más arriba -incluso si esto implica desviar y malgastar sus limitados ingresos en vez de satisfacer necesidades más urgentes: "Ninguna sociedad de clases, ni siquiera las de pobreza más abyecta, deja de lado las costumbres de consumo conspicuo. Los últimos elementos que queden de este tipo de consumo solo serán abandonados por la presión de una necesidad directa. Mucha miseria e incomodidad serán soportadas antes de que la última baratija o la última pretensión de decencia pecuniaria sea dejada de lado."

La ironía es que incluso una modesta distribución de la riqueza, si fuera posible, mejoraría significativamente el potencial productivo de cientos de millones atrapados en un cenagal de pobreza absoluta, por medio de la mejora de sus capacidades físicas y mentales. Para decirlo en forma simple, tal existencia de desigualdad no solo es moralmente ofensiva, es también terriblemente ineficiente.

En una economía socialista de libre acceso, la noción de ingreso o poder adquisitivo obviamente carecería de sentido. Lo mismo sucedería con la noción de estatus basada en el consumo conspicuo de riqueza. Y debido a que los individuos se encontrarían en igual relación con los medios de producción, y tendrían libre acceso a los bienes y servicios resultantes, esto alteraría en forma fundamental la base sobre la cual la escala de preferencias de la sociedad se establezca. Esto resultaría en un enfoque mucho más democrático y consensuado, y posibilitaría un sistema de valores que refleje este enfoque, el cual emergería y le daría forma a esta agenda. Es quizá esto lo que se encuentra tras la noción de una planificación social amplia -algún tipo de enfoque coordinado y acordado en común con el cual establecer las prioridades de la sociedad.

¿Cómo podrían determinarse estas prioridades? Aquí la "jerarquía de necesidades" de Maslow surge en mi mente como una guía de acción. Parecería razonable suponer que las necesidades que sean más urgentes y sobre las cuales la satisfacción de otras necesidades sean contingentes, tomarían prioridad sobre esas otras necesidades. Estamos hablando aquí de nuestras necesidades básicas de comida, agua, saneamiento y casa, y así por el estilo. Esto sería reflejado en la asignación de recursos: las metas de alta prioridad tomarían preferencia sobre las metas de baja prioridad donde se revele (por medio del sistema auto-regulado de control de existencias) que las fuentes comunes de ambos tienen un suministro bajo (esto es, donde las múltiples demandas para tales recursos superen a la oferta de ellos). Buick y Crump especularon, no sin razón, que algún "sistema de puntos" podría usarse para evaluar un rango de diferentes proyectos a los que se enfrentaría tal sociedad. Esto proveería ciertamente de información útil con la que los tomadores de decisiones podrían guiarse en las asignaciones de recursos en los casos donde hay que escoger entre usos finales en competencia. Pero los principales mecanismos a utilizar será un asunto que tendrá que ser decidido por la sociedad socialista misma.

CONCLUSIÓN

Hemos visto que una economía socialista necesitaría de algún sistema de prioridades de producción, y como se puede llegar a él. Hemos visto como esto impactaría en la asignación de recursos donde la oferta de esos recursos es menor a la demanda de ellos. Hemos visto el mecanismo de un sistema auto-regulado de control de existencias, utilizando cálculo en especie, que nos permitiría rastrear la oferta y la demanda. Hemos establecido que la necesidad de economizar en la asignación de recursos está correlacionada positivamente con su escasez relativa que, a su vez, es una función no solo del suministro bruto, tal como lo revela el sistema autorregulado de control de existencias, sino que es una función de la demanda y de las razones técnicas de insumos involucradas. La comparación de la relativa escasez de los diferentes insumos nos permite operacionalizar la ley del mínimo de Liebig. Habiendo identificado nuestros factores limitantes, podemos someterlos a la guía de nuestro sistema de prioridades de producción para determinar como serán asignados. En pocas palabras, a lo que hemos llegado finalmente es a un sistema coherente y funcional de partes interconectadas que de ninguna manera necesitan del cálculo económico en la forma de precios de mercado. ¿Qué es lo que queda entonces del Argumento del Cálculo Económico? Basado en un conjunto de supuestos altamente irreales de cómo una economía de mercado funciona en la práctica, este ataca lo que es obviamente una burda caricatura de una economía socialista, la que sería imposible de llevar a la práctica, en cualquier caso, por motivos diferentes del cálculo económico. En honor a la verdad, la fortuna del ACE estaba inextricablemente ligada al surgimiento de capitalismos de estado, que posaban como economías socialistas, y que se ofrecían como alternativa al mal llamado libre mercado, que eran el verdadero blanco de su hostilidad. Por esa razón, la relevancia histórica del argumento miseano ha desaparecido, junto con el colapso de estos mismos capitalismos de estado.


Notas

[1] Actualización: He traducido el artículo completo (sin resumir) aquí. Sin embargo, este artículo resumido fue la base para el posterior debate sobre el tema.

[2] Anteriormente había traducido incorrectamente este término como cálculo cualitativo.


Posts relacionados

La controversia del "Cálculo Económico". Deshaciendo un Mito
Cálculo Económico. Respuesta a Victor L.
Cálculo Económico. Respuesta a Victor L. II
Más sobre cálculo económico.
Cálculo Económico. Respuesta a Langlois
Más sobre cálculo económico comunista II
El dinero como medida de valor social
Robin Cox sobre jerarquías de producción Leer más de esta entrada......