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El Mito del Cálculo Económico

A continuación presento un resumen del artículo de Robin Cox, The "Economic Calculation" controversy: unravelling of a myth (La controversia del "Cálculo Económico". Deshaciendo un Mito). Por su importancia, traduzco en forma completa la última parte del documento, que trata sobre la Anatomía de una Economía Socialista.[1]

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El "argumento del cálculo económico" (ACE) está principalmente ligado con Mises. Después de la Revolución Rusa se dio un fuerte debate sobre la factibilidad del socialismo, un término que antes se consideraba sinónimo del comunismo sin mercado de Marx. Lenin, sin embargo, se desvió de esa definición de socialismo, al considerarlo como una etapa intermedia entre el capitalismo y el comunismo.

¿En qué consiste el "argumento del cálculo económico"?

Asumamos que una fábrica en el socialismo produce un bien de consumo X. Asumamos que para fabricar X se necesitan solo dos clases de insumos, A y B. Supongamos entonces que hay tres diferentes métodos para producir una unidad de X, los que involucran tres diferentes combinaciones de A y B, como sigue:

El método 1 requiere 9 unidades de A y 10 unidades de B, el método 2 requiere 10 unidades de A y 9 unidades de B, el método 3 requiere 10 unidades de A y 10 unidades de B.

Según el criterio de "eficiencia técnica", el método 3 queda descartado por consumir más unidades de insumo que los métodos 1 y 2, respectivamente. Sin embargo queda el problema de elegir entre los métodos 1 y 2. Con un sistema de precios, se puede elegir la combinación que tenga menor costo monetario, así, si una unidad de A cuesta 1 dólar y una unidad de B cuesta 2 dólares, el costo total de producir 1 unidad de X sería 29 dólares utilizando el método 1, y 28 dólares utilizando el método 2. Por lo que sería recomendable que la fábrica seleccionara el método 2, por requerir menor costo.

El problema es que en una economía socialista no existirían precios de mercados que nos permitieran disponer de tal método para tomar una "decisión racional".

Según Mises, y la Escuela Austríaca de Economía, en el proceso de competencia que se da en el mercado, las valuaciones subjetivas de los consumidores quedan expresada en forma objetiva en forma de razones de intercambio, o precios. Esto tiene algo de verdad, por ejemplo, si uno prefiere roast beef a una hamburguesa de Mcdonald's, esto se verá reflejado en el precio más alto que tengamos que pagar por tal articulo. Sin embargo, esto deja de lado un problema básico, en una economía de mercado no se puede expresar su preferencia si no se tienen los medios para hacerlo (poder adquisitivo). Usted puede preferir roast beef, pero después de consultar con su billetera, puede descubrir, para su consternación, que tendrá que conformarse con una hamburguesa. La demanda efectiva es la que junto con la oferta determina el precio, pero esta demanda efectiva depende de la distribución desigual del ingreso. Los austríacos responden a esto argumentando que los diferenciales de ingreso reflejan las valuaciones que los diferentes individuos hacen de diferentes ocupaciones y las diferentes contribuciones que hacen a la sociedad, por las que la "sociedad" les "recompensa". Sin embargo, no hay manera de probar esta afirmación, ya que tales valuaciones también están sujetas a las limitaciones de la "demanda efectiva".

Se dice que la contabilidad con precios de mercado refleja los costos de oportunidad, sin embargo, el ejemplo anterior nos muestra que en realidad el ACE solo toma en cuenta los costos contables. También se dice que los precios de mercado permiten una "medición exacta" de los costos. Sin embargo esto no nos dice mucho, un juego de monopolio también provee de "medición exacta" de costos, pero nadie sugiere que nos da intuiciones profundas que sería tonto ignorar. La afirmación de que los costos de mercado implican "costos reales" solo se puede probar si existe un método que demuestre una correlación entre los costos de mercado y los "costos reales", y solo se podría demostrar tal correlación midiendo unos contra los otros, sin embargo, esto significaría que los "costos reales" se podrían medir independientemente de los costos de mercado, lo que refutaría el ACE.

También está el conocido problema de las externalidades y de los efectos de derrame. Los efectos del mercado en el medio ambiente que no están reflejados en los precios.

Por otra parte, la "medición exacta" de costos no es posible, ya que el empresario, para obtener un ingreso neto que le compense su inversión, debe tener en cuenta los precios futuros, los cuales no es posible conocer con anticipación, debido a la incertidumbre del mercado. A esto se puede responder que el mercado premia a los empresarios que calculan bien sus costos y castiga a los que calculan mal. Sin embargo, no existe un mecanismo que refine las habilidades de los empresarios que calculan bien, lo que resulta en costos perdidos (sunk costs).

La afirmación de Mises de que el socialismo carecería de una guía confiable para tomar decisiones económicas puede también dirigirse al capitalismo de mercado. Si vemos al modelo de "equilibrio general" de la economía, este afirma que es necesario obtener cierto número de condiciones simultáneas para que la demanda de bienes sea igual a su oferta. Si no se cumplen esas condiciones, una simple distorsión de un precio produciría que todos los precios se distorsionaran, debido a su efecto en cadena en todas las ramas de la economía. Estos precios distorsionados no servirían de guía confiable para tomar decisiones económicas racionales. Este modelo de "equilibrio general" es una pura abstracción que no tiene fundamento en la realidad. Mises reconoció esto, pero no se dio cuenta de las consecuencias devastadoras para su propia teoría de cálculo económico.

La implicación del argumento de Mises es que entre más espacio se deje para el libre juego de las fuerzas de mercado, el proceso de asignación de recursos se vuelve más eficiente. Esta afirmación tampoco tiene fundamento empírico sólido.

Algo que suele dejar de lado es que el sistema de contabilidad monetario, aunque sirve para calcular costos, resulta él mismo en un costo. Al eliminarse el sistema bancario y financiero, que tiene una gran complejidad en el sistema actual, se liberarían una gran cantidad de recursos en una economía socialista de "libre acceso".

Los proponentes del ACE suele enfocar su crítica a una economía de planificación centralizada, lo cual es una distracción. Es posible responder al ACE con una visión relativamente descentralizada y ordenada espontáneamente del socialismo.


ANATOMÍA DE UNA ECONOMÍA SOCIALISTA

Por "socialismo" o "comunismo", como vimos antes, se entendía tradicionalmente a una sociedad sin mercados, dinero, trabajo asalariado o estado. Toda la riqueza sería producida en forma voluntaria. Los bienes y servicios serían provistos directamente para necesidades auto-determinadas y no para la venta en el mercado, estos estarían libremente disponibles para ser tomadas por los individuos, sin requerirles a estos individuos que ofrezcan algo en intercambio directo. El sentido de obligaciones mutuas y el conocimiento de una interdependencia universal que surge de esto colorearían las percepciones e influenciarían el comportamiento en tal sociedad. Podríamos entonces clasificar a esa sociedad como siendo construida alrededor de una economía moral y un sistema de generalizada reciprocidad.

El libre acceso a bienes y servicios es un corolario de la propiedad común de los medios de producción del socialismo; donde se tiene intercambio económico se debe lógicamente tener propiedad privada o seccional de esos medios de producción. El libre acceso a bienes y servicios niega a cualquier grupo o individuo la influencia política con la que dominar a otros (una característica intrínseca de toda sociedad basada en la propiedad privada o sociedad de clases). Esto funcionará para asegurar que una sociedad socialista sea dirigida por la base de un consenso democrático. Las decisiones se harán en diferentes niveles de organización: global, regional y local, con la mayor carga de toma de decisiones siendo hecha a nivel local. En este sentido, una economía socialista sería policéntrica, no una economía centralmente planificada.

Sobre estas características generales que definen a una economía socialista uno puede identificar un número de características derivadas o secundarias que interactúan unas con otras en una forma coherente, y tienen particular relevancia sobre el asunto de la asignación de recursos. De igual manera que los bienes de consumo, los bienes de producción serán libremente distribuidos entre las unidades de producción, sin un intercambio económico mediando en el proceso. Podemos listar las varias características secundarias interconectadas de una economía socialista de la siguiente forma:

A) Cálculo en especie [2]

El cálculo en especie implica el conteo o medida de las cantidades físicas de diferentes cantidades de factores de producción. No existe una unidad general de contabilidad involucrada en este proceso, como el dinero, horas de trabajo o unidades de energía. De hecho, cualquier sistema económico concebible debe basarse en el cálculo en especie, incluyendo al capitalismo. Sin él, la organización física de la producción (por ejemplo, el mantenimiento de inventarios) sería literalmente imposible. Pero donde el capitalismo se basa en la contabilidad monetaria así como en el cálculo en especie, el socialismo se basa solo en el último. Esta es una razón por la que el socialismo tiene una decisiva ventaja productiva sobre el capitalismo; al eliminar la necesidad de asignar vastas cantidades de recursos y trabajo implicados en el sistema de contabilidad monetaria.

Una crítica del cálculo en especie es que no permite a los tomadores de decisiones comparar los costos alternativos de agregados de combinaciones de factores de producción para llegar a una combinación de "menor costo". Esto, como vimos antes, está basado en un completo malentendido. En una economía socialista, no habría necesidad de realizar tal operación. Sin embargo, esto no significa que no será posible comparar alternativas de combinaciones de factores - como el método 1, 2 y 3 en nuestro ejemplo- con otra base, y llegar a una decisión sobre cual es el uso más eficiente, como veremos más adelante.

Otto Neurath fue probablemente el más prominente defensor del cálculo en especie. Neurath escribió un reporte al Concilio de Obreros de Munich en 1919 titulado "De la Economía de Guerra a la Economía en Especie", al que Mises atacó más tarde. En su reporte, Neurath argumentaba que la economía de guerra de Alemania había demostrado la posibilidad de prescindir también del cualquier forma de cálculo monetario. Sin embargo en aquel tiempo esa posición estaba algo debilitada por el hecho de que él también se suscribía a un sistema de planificación central. Esto lo hizo vulnerable a los argumentos miseanos en contra de la planificación centralizada que tratan sobre los problemas de reunir la información dispersa de los actores económicos en una economía. Neurath cambió en un momento posterior de su vida su concepción centralizada del socialismo y desarrolló en su lugar una "concepción asocianal del socialismo" que implicaba "una descripción descentralizada y participatoria de la planificación socialista".

En su debate con Mises, Neurath fue mordaz en su crítica del "pseudoracionalismo" empleado por Mises, y el supuesto equivocado de que las decisiones racionales requieren conmensurabilidad de diferentes valores. Esto, como lo señala O'Neill, reduce la toma de decisiones a "un procedimiento puramente técnico" que deja a un lado "juicios éticos y políticos" (como vimos en nuestra discusión de externalidades). Una de la ventajas de un sistema de cálculo en especie es que abre la posibilidad de un enfoque más pulido y matizado a la toma de decisiones, y le da más peso a factores tales como preocupaciones ambientales, muchas veces dejadas de lado en los cálculos de mercado.

B) Un sistema auto-regulado de existencias

El problema con un modelo de planificación centralizada de socialismo es, entre otras cosas, su incapacidad para lidiar con el cambio. Carece de cualquier clase de mecanismo de retroalimentación que permita el mutuo ajuste entre los diferentes actores de tal economía. Es completamente inflexible en este sentido. Una versión descentralizada o policéntrica del socialismo, por otra parte, vence las dificultades. Se facilita la generación de información concerniente a la oferta y la demanda para la producción y consumo de bienes a lo largo de la economía, a través de una red de información distribuida (hoy mayormente computarizada) de una manera que era inimaginable cuando Marx estaba vivo, o cuando Mises escribió su tratado de cálculo económico. Esta información, como veremos, jugaría un rol importante en el proceso de una eficiente asignación de recursos en una economía socialista.

Los sistemas de control de existencias o inventarios, utilizando el cálculo cualitativo, son, como se sugería anteriormente, absolutamente indispensables para cualquier sistema moderno de producción. Aunque es cierto que ellos operan actualmente dentro de un ambiente de precios, ello no es lo mismo a decir que necesitarán de tal ambiente para poder operar. La clave para una buena administración de existencias es la tasa de rotación de existencias -cuan rápidamente la existencia es sacada de los estantes- y el punto en el cual sea necesario reordenarla. Este también será afectado por consideraciones como los lead times -cuánto se tardará para que vengan existencias frescas- y la necesidad de anticipar posibles cambios en la demanda. Estas son consideraciones que no dependen de una economía de mercado en absoluto. Es interesante notar que Marx escribió en el Capital Vol. II sobre la necesidad que tiene una economía socialista de proveer un colchón de existencias como una salvaguarda para las fluctuaciones en la demanda.

Una típica frecuencia de flujos de información en una economía socialista podría ser como sigue. Asumamos que un punto de distribución (tienda) tiene en existencia cierta cantidad de bienes -digamos, latas de judías horneadas. Por experiencia anterior se sabe que será necesario ordenar aproximadamente 1000 latas a los proveedores al principio de cada mes, ya que si no se hace así, al final del mes las existencias serán pocas.

Asumamos que, por cualquier motivo, la tasa de rotación de existencias se incrementa rápidamente en digamos 2000 latas por mes. Esto requerirá entregas más frecuentes o, alternativamente, entregas más grandes. Posiblemente la capacidad del punto de distribución no sea lo suficientemente grande para acomodar la cantidad extra de latas requeridas, en cuyo caso se optará por entregas más frecuentes. Se podría también aumentar su capacidad de almacenaje, pero esto talvez tome algo más de tiempo. En cualquier caso, esta información será comunicada a los proveedores. Estos proveedores, a su vez, pueden necesitar más hojalata (lámina de acero cubierta de estaño), para hacer más latas, o más judías, para ser procesadas, y esta información puede similarmente ser comunicada en la forma de nuevas órdenes a los suplidores de esos artículos que se encuentran más abajo en la cadena de producción. Y así por el estilo. Todo el proceso es, en gran parte, automático -o auto-regulado- siendo conducido por las señales de información dispersa de los productores y consumidores sobre la oferta y la demanda para bienes, y, como tal, está muy alejada de la burda caricatura de una economía de planificación centralizada.

Se puede argumentar que esto deja de lado el problema de los costos de oportunidad, que está en el corazón del argumento del ACE. Por ejemplo, si el proveedor de judías horneadas ordena más hojalata a los fabricantes de hojalata, entonces esto implicará que otros usos que se le dan a este material serán eliminados en esa cantidad. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la sistemática sobreproducción de bienes de la que Marx habló, es decir, el colchón de existencias, se aplica a todos los bienes, tanto de consumo como de producción. De manera que el aumento de demanda de un consumidor/productor, no necesariamente implicará un corte en el suministro a otro, o al menos, no inmediatamente. La existencia de un colchón de existencias nos proporciona un período de reajuste. Esto nos lleva nítidamente a nuestro segundo punto- a saber, que este argumento deja de lado la posibilidad de que hayan proveedores alternativos de este material o de hecho, para ese caso, sustitutos más disponibles para los contenedores (digamos, plástico). Tercero, y más importante, como veremos, incluso si asumimos el caso del peor escenario: en el que enfrentamos una austera decisión entre tener más latas de judías horneadas y menos de otra cosa, a causa del desvío de suministro de hojalata para la fabricación de latas adicionales- aun así hay una manera de tomar una decisión sensata que pueda asegurar la asignación económicamente más eficiente de recursos en estas circunstancias austeras.

C) La Ley del Mínimo

La "ley del mínimo" fue formulada por un químico agricultor, Justus von Liebig en el siglo XIX. Lo que dice es que el crecimiento de la planta no es controlado por el total de recursos disponibles por la planta sino por el factor particular que es más escaso. A este factor se le llama el factor limitante. Es solamente mediante el aumento del suministro del factor limitante en cuestión -digamos fertilizante de nitrógeno, o agua en un ambiente árido- que se puede promover el crecimiento de la planta. Esto, sin embargo, conducirá a que sea otro factor el que asuma el papel de factor limitante.

La ley de Liebig puede ser aplicada igualmente al problema de la asignación de recursos escasos en cualquier economía. De hecho, el rechazo de Liebig a la afirmación de que es el total de recursos disponibles lo que controla el crecimiento de la planta encuentra un eco en el rechazo socialista de la afirmación de que debemos comparar los "costos totales" de combinaciones alternativas de factores. Para cualquier combinación dada de factores requeridos para producir un bien determinado, uno de estos será el factor limitante. Siendo todas las cosas iguales, tiene sentido desde un punto de vista económico economizar más aquellas cosas que son más escasas y hacer mayor uso de aquellas que son abundantes. Los factores que se encuentren entre estos dos polos pueden ser tratados respectivamente en términos relativos.

Afirmar que todos los factores son escasos (por que el uso de cualquier factor implica un costo de oportunidad) y, en consecuencia, necesita ser economizado, no es un enfoque sensato para ser adoptado. Una efectiva economización de recursos requiere discriminación y selección; no se puede tratar cada factor de igual manera -esto es, igualmente escaso- o si se hace, esto resultará en una mala asignación de recursos y una ineficiencia económica. ¿Sobre que base se debe discriminar entre factores? Esencialmente, la base más sensata sobre la que hacer tal discriminación es la disponibilidad relativa de los diferentes factores, y de esto es precisamente sobre lo que trata la ley del mínimo.

De hecho, uno puede ir más allá. Como una economía socialista sería en su mayor parte una economía auto-regulada, involucrando un considerable grado de mutuo ajuste y retroalimentación, esta sería llevada inevitablemente en la dirección de una asignación eficiente de recursos por el tipo de restricciones aludidas en la ley del mínimo de Liebig. Estas restricciones en el suministro operarían inevitablemente en cada sector de la economía y en cada punto a lo largo de cada cadena productiva. Cuando un factor en particular es limitado en relación a las múltiples demandas que recaen sobre él, la única manera en que puede ser "ineficientemente asignado" (aunque esto en última instancia es un juicio de valor) es escogiendo "incorrectamente" a cual uso final particular debe de ser asignado (un punto que consideraremos en breve). Fuera de eso, no se puede usar mal o asignar mal un recurso si simplemente no está disponible para ser mal asignado (esto es, cuando hay un inadecuado o inexistente colchón de existencias en el estante, por decirlo así). Por necesidad uno se ve obligado a buscar una alternativa más abundante o substituto (lo que sería el comportamiento sensato en esta circunstancia).

La relativa disponibilidad de un factor es determinada 1) por el suministro bruto de ese factor en relación a otros factores en cualquier agregado de factores requeridos para producir un determinado bien, tal como lo revela el sistema auto-regulado del sistema de control de existencias y 2) las razones técnicas de todos estos factores en este agregado, incluyendo nuestro factor en cuestión, requeridas para producir este bien determinado. Esta razón nos dice cuánto de cada factor es necesario, razón que podemos comparar con el suministro de cada factor para llegar a tener alguna idea de la disponibilidad relativa del factor en cuestión en relación con otros factores.

Veamos como esto podría funcionar en la práctica. Digamos que una unidad de un bien Y puede ser producida utilizando 3 unidades del factor M y 2 unidades del factor N. Si hay 6 unidades de M y 6 unidades de N entonces trabajamos fácilmente cual de estos factores - M o N - es el factor limitante. En este caso es M por que si 1 unidad de Y puede ser producida usando 3 unidades de M y solo hay 6 unidades de M, se sigue que solo se puede producir 2 unidades de Y en total (si descartamos N). Por otro lado, si 1 unidad de Y puede ser producida usando 2 unidades de N y hay 6 unidades de N en total esto nos permitiría producir 3 unidades de Y (si descartamos M). Si la demanda total por Y fuera solo de 2 unidades o menos entonces no tendríamos mucho de que preocuparnos. Si la demanda fuera de más de 2 unidades de Y, tendríamos que considerar maneras de incrementar el suministro de Y, por ejemplo, mediante la alteración de la combinación técnica de insumos de manera que requiera menos unidades de M y más de N. En otras palabras, estaríamos reduciendo las restricciones de suministro que M ejerce al limitar el producto de Y. Nótese que todo esto es perfectamente posible sin recurrir en manera alguna a precios de mercado. Nótese también que reconoce y pone en operación el concepto de costos de oportunidad con que el ACE está ostensiblemente preocupado. Así, si deseamos desviar 4 unidades de N fuera de la producción de Y a la producción de cualquier otro bien - llamémoslo Z - entonces sabremos muy bien lo que hemos perdido al haber cortado los suministros de N necesarios para producir Y. Las 2 unidades de N con las que quedamos después de que las otras 4 han sido desviadas a Z solo serán suficientes para la producción de 1 unidad de Y. Mientras que antes podríamos haber producido 2 unidades de Y donde M era el factor limitante, desviando 4 unidades de N a Z significaría, en efecto, que N reemplazaría a M como el factor limitante al producir, y que el costo de oportunidad de desviar 4 unidades de N a Z nos daría la pérdida de una unidad de Y.

Lenta pero inexorablemente vamos cerrando la red alrededor del ACE. Solo falta por identificar una más de las características interconectadas del socialismo para cerrar el círculo completamente.

D) Una jerarquía de necesidades de producción

En cualquier economía es necesario que haya alguna manera de priorizar las metas de producción. En el capitalismo, como hemos visto, esto se hace sobre la base del poder adquisitivo. Desde el punto de vista de las necesidades humanas, sin embargo, esto puede ser extraordinariamente ineficiente. El economista Arthur Pigou argumentaba en su influyente trabajo Economía del Bienestar que es "evidente que cualquier transferencia de ingreso entre un hombre relativamente rico a uno relativamente pobre de temperamento similar, al permitir a los deseos más intensos ser satisfechos a expensas de los deseos menos intensos, debe incrementar la suma agregada de satisfacciones". El punto de Pigou es que la utilidad marginal de, digamos, un dólar, a un hombre pobre valía mucho más que a un hombre rico. De esa manera la sociedad como un todo se beneficiaría - esto es, la suma de la utilidad total sería mejorada - si hubiera una transferencia del último al primero. El problema es que esta clase de distribución del ingreso, no importa lo mucho que produzca un resultado palpablemente ineficiente, no solo es una consecuencia, sino un requerimiento funcional de una economía de mercado. De hecho, este es un punto que los defensores del libre mercado hacen rutinariamente. La redistribución, dicen ellos, tiende a socavar la propia estructura de incentivos sobre la que una economía boyante depende.

Es esta grosera desigualdad de la distribución del ingreso, o poder adquisitivo, la que se ha hecho más notoriamente desigual en las recientes décadas, tanto a nivel nacional como global, la que produce un efecto tan profundo en todo el patrón y la composición de la producción en estos días -y la consecuente asignación de recursos subyacente. Esto se refleja en la clase de prioridades de producción que se manifiestan alrededor de nosotros: consumo conspicuo en medio de la pobreza más abyecta. Tal consumo es la piedra angular de un sistema de diferenciación de estatus que, a su vez, provee los fundamentos ideológicos de una dinámica acumulativa capitalista. Es de tal dinámica que el mito de las demandas insaciables florece. La lógica de la competencia económica se expresa como un imperativo económico que compele a las empresas competidoras a buscar y a estimular sin límite la demanda de mercado. El aumento en el consumo produce un aumento de estatus, lo que, a su vez, convenientemente, permite a esas empresas incrementar sus oportunidades de realizar ganancias.

Como Thorstein Veblen sugería en su obra La Teoría de la Clase Ociosa (1925), dentro de esta estructura jerárquica en que la estima social está relacionada con la "fuerza pecuniaria" del individuo, es la forma en la que los que están en la cima ejercen su fuerza pecuniaria lo que provee el significante clave de estima social en este sistema. De ahí que el énfasis esté en el lujo extravagante, que solo los ricos pueden realmente permitirse. Pero como Veblen observa sagazmente, esto no impide que los que estén más abajo en la jerarquía imiten a los que están más arriba -incluso si esto implica desviar y malgastar sus limitados ingresos en vez de satisfacer necesidades más urgentes: "Ninguna sociedad de clases, ni siquiera las de pobreza más abyecta, deja de lado las costumbres de consumo conspicuo. Los últimos elementos que queden de este tipo de consumo solo serán abandonados por la presión de una necesidad directa. Mucha miseria e incomodidad serán soportadas antes de que la última baratija o la última pretensión de decencia pecuniaria sea dejada de lado."

La ironía es que incluso una modesta distribución de la riqueza, si fuera posible, mejoraría significativamente el potencial productivo de cientos de millones atrapados en un cenagal de pobreza absoluta, por medio de la mejora de sus capacidades físicas y mentales. Para decirlo en forma simple, tal existencia de desigualdad no solo es moralmente ofensiva, es también terriblemente ineficiente.

En una economía socialista de libre acceso, la noción de ingreso o poder adquisitivo obviamente carecería de sentido. Lo mismo sucedería con la noción de estatus basada en el consumo conspicuo de riqueza. Y debido a que los individuos se encontrarían en igual relación con los medios de producción, y tendrían libre acceso a los bienes y servicios resultantes, esto alteraría en forma fundamental la base sobre la cual la escala de preferencias de la sociedad se establezca. Esto resultaría en un enfoque mucho más democrático y consensuado, y posibilitaría un sistema de valores que refleje este enfoque, el cual emergería y le daría forma a esta agenda. Es quizá esto lo que se encuentra tras la noción de una planificación social amplia -algún tipo de enfoque coordinado y acordado en común con el cual establecer las prioridades de la sociedad.

¿Cómo podrían determinarse estas prioridades? Aquí la "jerarquía de necesidades" de Maslow surge en mi mente como una guía de acción. Parecería razonable suponer que las necesidades que sean más urgentes y sobre las cuales la satisfacción de otras necesidades sean contingentes, tomarían prioridad sobre esas otras necesidades. Estamos hablando aquí de nuestras necesidades básicas de comida, agua, saneamiento y casa, y así por el estilo. Esto sería reflejado en la asignación de recursos: las metas de alta prioridad tomarían preferencia sobre las metas de baja prioridad donde se revele (por medio del sistema auto-regulado de control de existencias) que las fuentes comunes de ambos tienen un suministro bajo (esto es, donde las múltiples demandas para tales recursos superen a la oferta de ellos). Buick y Crump especularon, no sin razón, que algún "sistema de puntos" podría usarse para evaluar un rango de diferentes proyectos a los que se enfrentaría tal sociedad. Esto proveería ciertamente de información útil con la que los tomadores de decisiones podrían guiarse en las asignaciones de recursos en los casos donde hay que escoger entre usos finales en competencia. Pero los principales mecanismos a utilizar será un asunto que tendrá que ser decidido por la sociedad socialista misma.

CONCLUSIÓN

Hemos visto que una economía socialista necesitaría de algún sistema de prioridades de producción, y como se puede llegar a él. Hemos visto como esto impactaría en la asignación de recursos donde la oferta de esos recursos es menor a la demanda de ellos. Hemos visto el mecanismo de un sistema auto-regulado de control de existencias, utilizando cálculo en especie, que nos permitiría rastrear la oferta y la demanda. Hemos establecido que la necesidad de economizar en la asignación de recursos está correlacionada positivamente con su escasez relativa que, a su vez, es una función no solo del suministro bruto, tal como lo revela el sistema autorregulado de control de existencias, sino que es una función de la demanda y de las razones técnicas de insumos involucradas. La comparación de la relativa escasez de los diferentes insumos nos permite operacionalizar la ley del mínimo de Liebig. Habiendo identificado nuestros factores limitantes, podemos someterlos a la guía de nuestro sistema de prioridades de producción para determinar como serán asignados. En pocas palabras, a lo que hemos llegado finalmente es a un sistema coherente y funcional de partes interconectadas que de ninguna manera necesitan del cálculo económico en la forma de precios de mercado. ¿Qué es lo que queda entonces del Argumento del Cálculo Económico? Basado en un conjunto de supuestos altamente irreales de cómo una economía de mercado funciona en la práctica, este ataca lo que es obviamente una burda caricatura de una economía socialista, la que sería imposible de llevar a la práctica, en cualquier caso, por motivos diferentes del cálculo económico. En honor a la verdad, la fortuna del ACE estaba inextricablemente ligada al surgimiento de capitalismos de estado, que posaban como economías socialistas, y que se ofrecían como alternativa al mal llamado libre mercado, que eran el verdadero blanco de su hostilidad. Por esa razón, la relevancia histórica del argumento miseano ha desaparecido, junto con el colapso de estos mismos capitalismos de estado.


Notas

[1] Actualización: He traducido el artículo completo (sin resumir) aquí. Sin embargo, este artículo resumido fue la base para el posterior debate sobre el tema.

[2] Anteriormente había traducido incorrectamente este término como cálculo cualitativo.


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Comentarios

Víctor L. ha dicho que…
Como no te he visto por el messenger, te dejo aquí que he contestado al ensayo:

www.mutualismo.org
Víctor L. ha dicho que…
Ah, y se me olvidaba, ¡muchas gracias por la traducción! ;)

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